Política y medios: las fichas se van acomodando

La recientemente otorgada licencia como cableoperador para la Cooperativa de Luz y Fuerza Eléctrica de Rojas, una noticia muy esperada y sin dudas sumamente alentadora para la ciudad, provocó algunos sacudones y reacomodamientos sobre todo en lo que tiene que ver con la relación entre política y medios de comunicación.

Tiempo atrás se equiparó desde esta columna la situación que dio origen a la Clyfer en la década del '30, que fue la lucha contra el monopolio de la generación y distribución de energía eléctrica, con la que ahora se está sosteniendo contra otro similar, el de televisión por cable.

La entrada de la cooperativa local a ese mercado tendrá un primer efecto, obvio, que es el de generar competencia, con todas las ventajas que implica terminar con un monopolio. Pero a la vez, barajar y dar de nuevo en la ya citada relación entre política y medios, toda vez que la aparición de un actor relevante y puramente rojense, revitalizará a la comunicación local permitiéndole plantarse con mayores posibilidades de éxito ante la oferta televisiva actual, que es foránea.

Más allá de que cuenta con empleados rojenses, Cablevisión ofrece hoy un porcentaje ínfimo de contenido local... pero se lleva la parte del león en lo que hace a publicidad oficial.

Está claro que esto no es ninguna genialidad comercial de sus directivos locales, sino que tiene que ver con la realidad política: el gobierno municipal disfruta de (y paga muy bien) generosos espacios en la grilla de Cablevisión a partir del acuerdo entre Massa y el grupo Clarín, que incluye a todos los distritos donde hay gobiernos adictos al Intendente de Tigre.

Esta política, cuyos primeros frutos se verán el próximo 27 de octubre, significa una competencia sumamente desleal con el resto de los medios, que paradojalmente son los que proporcionan al ciudadano de Rojas casi el ciento por ciento de contenido local dándole acceso a su legítimo derecho a la información. Así son los monopolios.

No obstante ello, algunas cosas están cambiando, y en ese sentido vale citar un hecho inesperado (por lo menos para este columnista): la felicitación emanada del bloque de concejales de la Unión Cívica Radical a la Clyfer, por la licencia de TV obtenida.

La bienvenida radical a tal licencia seguramente está basada, a medias, en dos realidades: por una parte, la alegría que provoca este anhelo cumplido para la Clyfer; y por otra, las "dificultades" que le causará a Cablevisión (hoy vocero del massismo) dejar de ser monopólico.

Que el grupo Clarín no es un conjunto de medios de comunicación sino el mascarón de proa de los sectores financieros que gobernaron en los '90 y hoy han sido desplazados del poder, no es un secreto para nadie.

El primero en denunciarlo fue don Raúl Alfonsín, siendo presidente, a mediados de la década del '80. Y fue un funcionario suyo, el "Chacho" Jaroslavsky, quien acuñó la conocida frase "atacan como partido y se defienden con la libertad de prensa".

El radicalismo, no obstante, minimizó esta cuestión durante los últimos ocho años, seguramente porque entendía que el desgaste que el grupo Clarín le provocaba al gobierno le resultaba politicamente conveniente.

Hoy, esta satisfacción radical que se adivina detrás de la felicitación a la Clyfer, es también un indicio de que el centenario partido empieza a advertir que ni Clarín ni los sectores minoritarios pero poderosos que detrás de él se esconden, son buenos para la salud de la democracia. Algo que los ciudadanos de convicción verdaderamente democrática esperaban desde hace mucho, parece estar llegando.

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