Para lograr un parque industrial hace falta mucho más que un milagro

Un consejo que siempre dan quienes tienen alguna experiencia en gestión, tanto de organismos públicos como privados, es sobre la necesidad de trabajar en proyectos concretos, existan o no, en ese momento, las posibilidades de concretarlos.

Ocurre que las oportunidades suelen aparecer de improviso, y en esos momentos quienes están en mejores condiciones para aprovecharlas son, precisamente, los que ya le han dado forma al proyecto concreto.

Claro que un proyecto no se reduce a decir "queremos hacer esto, o aquello", algo que solemos escuchar con mucha frecuencia, sobre todo en épocas preelectorales. Un proyecto implica contar con los datos estadísticos que lo justifiquen, con estudios sobre factibilidad, un lugar físico (en caso de que por su naturaleza fuese necesario), y el compromiso de quienes participarán de él, entre muchas otras cosas.

Construir un parque industrial es uno de esos proyectos emblemáticos, en el que más evidente se hace la necesidad de un largo y minucioso trabajo previo. Es triste ver que en Rojas estamos lejísimos, no sólo de realizar esa tarea, sino siquiera de que nuestros gobernantes empiecen a sospechar que es imprescindible.

Esta realidad no puede tener otro resultado que la frustración. Nadie puede predecir en qué momento aparecerá la financiación, la capacitación, las posibilidades concretas de empezar a construir un parque industrial en nuestro distrito. Lo único seguro es que cuando eso aparezca, no habrá campo fértil en donde sembrarlo; y el trabajo necesario para lograr tal campo fértil durará más que la oportunidad.

¿QUE ES UN PARQUE INDUSTRIAL?

Hace unos pocos años estuvo en Rojas el arquitecto Santiago Bonfanti, coordinador del equipo que diseñó el Parque Industrial Pilarica, ubicado en Pilar. En ese momento (2008) el emprendimiento albergaba a unas ciento veinte empresas que, en conjunto, facturaban entre dos y tres mil millones de pesos anuales. Es el más grande de Sudamérica.

Invitado por la Cámara de Industria y Comercio y la Unión Cívica Radical de nuestra ciudad, Bonfanti desmitificó a los parques industriales. Negó que sean un factor determinante para atraer o crear empresas nuevas, y por el contrario, los consideró "ante todo, un negocio inmobiliario, y una herramienta indispensable para solucionar muchos problemas urbanos como la contaminación sonora, la polución y el tránsito de camiones".

El profesional puso de manifiesto la importancia que un emprendimiento de este tipo tiene para las empresas que, encerradas por el desarrollo urbano, no pueden crecer territorialmente ni obtener certificaciones internacionales (como las normas ISO) debido a que no cumplen con las necesarias condiciones medioambientales, entre otras.

Pero además descartó que un emprendimiento de este tipo sirva para promover el desarrollo industrial, aunque admitió que su existencia puede llegar a facilitar ciertas decisiones de inversión. “Lo primordial es ordenar los usos. Un parque industrial, o sector industrial planificado, no es más que un ordenamiento del territorio ofreciendo servicios de infraestructura para que se puedan localizar empresas que necesitan agua, energía eléctrica, gas, acceso, y demás. No es más que eso”, explicó.

En el caso puntual de Rojas, estimó que “lo primordial es la descentralización del casco urbano. La tierra urbana es cara, y hay conflictos de vecinos. Las empresas perjudican a la ciudad y también a ellas mismas, porque les falta espacio, no pueden maniobrar con los camiones, y tampoco certificar normas internacionales porque no han resuelto el problema con el entorno”.

"Rojas tiene talleres metalúrgicos por todos lados, y si lograra ordenarlos, comprometerlos con la economía, podría tener un gran sector industrial con los plegadores, los torneros, y demás. Hay que planificar con visión de futuro, y decirles a los industriales, por ejemplo que tienen veinte años para salir del casco urbano. Veinte años es mucho tiempo, pero llegan, y así se van solucionando muchos problemas", resumió Bonfanti.

¿POR DONDE EMPEZAR?

De las palabras expresadas por el diseñador del parque industrial más grande de Sudamérica surge claramente que conseguir un terreno y dotarlo de servicios es el menor de los problemas que surgirán a la hora de encarar seriamente un proyecto semejante.

Es evidente que en todo ese proceso, lo más complicado, por mucho, será lograr el consenso de los industriales, de los empresarios, de todos quienes tendrán que ponerse a trabajar para trasladar su actividad al nuevo sector industrial planificado.

La necesidad es palpable, y basta como ejemplo observar la iniciativa de Gear SA, que está construyendo una nueva planta fuera de la ciudad para trasladar allí toda su operatoria. Tal conducta está en un todo de acuerdo con lo expresado por Bonfanti, y debería haber servido para alertar al gobierno sobre que, si realmente tiene en mente instalar un parque industrial, entonces deberá ponerse a trabajar seriamente cuanto antes, porque eso llevará años.

Por el contrario, pensar que la creación de un parque industrial depende únicamente de que aparezca el gobernador con un crédito no es más que un dulce sueño; la pretensión de una solución mágica que jamás llegará porque las cosas no pasan por ahí, por más que digan lo contrario las promesas preelectorales.

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