Violencia en el deporte: lo que no queremos ver

Con mayor frecuencia, por fortuna sin alcanzar por ahora a nuestros clubes, se están registrando hechos de violencia en espectáculos deportivos enmarcados en el torneo regional 6 Ligas de fútbol.

Partidos que deben suspenderse antes de cumplirse el tiempo reglamentario por peleas entre los protagonistas o agresiones a los árbitros, son casi cosa de todos los domingos, mucho más en estas instancias donde se empiezan a definir los equipos que seguirán en carrera y los que no, lo cual genera una tensión mayor en todos los protagonistas, los que juegan porque quieren ganar para no quedar eliminados y los que miran por la impotencia que les genera muchas veces ver a sus escuadras no poder alcanzar el resultado que necesitan.

El domingo pasado ocurrió un episodio que se puede enmarcar entre los más graves de la corta historia de esta competencia, cuando simpatizantes del Club Villa Belgrano se enfrentaron con la policía, al no poder tomarse revancha de sus pares de San Martín de Chacabuco, que los habían atacado en inmediaciones de su estadio cuando se habían medido por primera vez. Los juninenses prepararon el “desquite” pero como los hinchas chacabuquenses no viajaron, la cosa fue primero contra el transporte del plantel visitante y después con los uniformados, terminando la historia con heridos y algún detenido.

Las cuestiones deportivas deberían dirimirse pura y exclusivamente en el rectángulo de juego, por virtudes y errores de los jugadores, más los arbitrajes, que en muchos casos pueden incidir en un resultado, pero no más allá de la línea de cal. Los piedrazos, palazos y trompadas no forman parte del espíritu del fútbol ni de ningún deporte, y cuando se producen, los tribunales de disciplina deberían aplicar los reglamentos con la mayor severidad.

Premios y castigos, de eso se trata la historia para poder vivir en una sociedad más justa. El delincuente debe estar preso y el honesto, libre y caminando tranquilo por la calle, no poniendo rejas en cada ventana y puerta de su casa porque resulta que los “chorros” afanan y al rato están libres para seguir delinquiendo. De la misma forma, el club cuyos hinchas se portal mal tendría que recibir suspensiones, quita de puntos y hasta la desafiliación, si cupiera esa sanción por la gravedad de algún episodio, ya que si no es así, parece haber vía libre para que cada uno haga lo que se le antoje. Un ejemplo más penoso aún ocurrió hace pocas semanas, cuando un dirigente del 6 Ligas agredió al vicepresidente de la Liga de Chacabuco y fue suspendido por ¡3 meses!. Increíble pero real.

Más allá de determinados hechos puntuales, en Rojas debemos seguir bregando por mantener la corrección en nuestros estadios. En lo que va de 2013 la única mancha en cuanto a conducta ocurrió en uno de los clásicos, cuando algunos simpatizantes arrojaron piedras al campo de juego mientras varios jugadores se peleaban, pero no es habitual que ocurran cosas como estas.

Porque si queremos que a la cancha siga concurriendo papá y mamá con sus hijos, el abuelo con su nieto o grupos de amiguitos o amiguitas muy jóvenes que casi ni miran el partido pero le dan color a lo que sucede detrás del alambrado, se debe luchar de todas formas para mantener la violencia alejada de los escenarios deportivos.

La tarea debe ser protagonizada por todos. Los periodistas no debemos alimentar odios entre hinchadas y mantener siempre la imparcialidad a la hora de opinar, los dirigentes deben “calmar” a los simpatizantes más temperamentales y, si es necesario, impedirles la entrada a los estadios, los jugadores y cuerpos técnicos deben tratar de jugar y no incitar a la violencia con reclamos desmedidos que suelen trasladarse a los hinchas, que muchas veces explotan cuando ven a sus “players” desencajados contra los árbitros.

El tema de la violencia en el deporte por ahora no es un problema en nuestro medio. Comprometámonos todos a evitar que llegue a producirse, para ir a la cancha tranquilo, sólo a ver un partido de fútbol...

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