Seguridad: cuando los efectos se confunden con las causas

Uno podría preguntarse, legítimamente, por qué motivo la naturaleza ha elegido una manera tan desafortunada de hacer las cosas; por ejemplo, disponiendo que el sol salga de día, cuando no hace ninguna falta porque está todo clarito y se ve perfectamente y, en cambio, que se esconda de noche, cuando tanta falta haría para despejar la oscuridad.

La falla lógica del pensamiento anterior es evidente. Sin embargo, en temas más complejos, sobre todo en los que tienen que ver con las relaciones humanas y el funcionamiento de las sociedades, es muy fácil confundir causas con efectos.

Un error de este tipo es el que muchos cometen cuando del tema de la seguridad ciudadana se trata. El gobierno, sin ir más lejos, lo comete. En los últimos días se realizaron varias reuniones entre empresarios, representantes de instituciones, vecinos y funcionarios municipales; en ellas, pudo apreciarse la visión gubernamental del tema, que podría sintetizarse en que hacen mucho de lo que piensan que debe hacerse; que las cosas tan mal no están, o bien, que podrían estar peor; y que en el reclamo hay mucho de política, dado que este tipo de movimiento suele surgir siempre en vísperas de un acto electoral.

Ahora bien: ¿Es verdad que los reclamos aparecen antes de las elecciones porque hay una motivación política? ¿No tendrá esta visión algo de la crítica que se le hace al sol por salir de día? ¿O será que en vísperas de elecciones recrudecen los actos delictivos, y de ahí surge la multiplicacioón de los reclamos?

No hacen falta, en este caso, estadísticas oficiales para advertir que la cantidad de delitos se incrementa en épocas preelectorales. Y esto debería servir, sobre todo a las autoridades, para tomar conocimiento de que el delito no es anárquico, está organizado, y que su control y disminución dependen de la correcta identificación de las causas.

Actuar sobre los efectos, ya vemos para qué sirve. Y esta visión que ignora las causas reales, compartida con ciertos sectores de la comunidad, es la que genera necesidades tales como las de más cámaras de seguridad, más móviles policiales, más armamento y capacitación represiva... cuestiones tan voluntaristas como ineficaces, que remiten a la imagen de un mono tratando de aferrar el reflejo de una banana en el espejo.

Está claro que el de la inseguridad no es un problema que tenga solución inmediata. Su reducción paulatina exige mucho esfuerzo en desarrollo humano, en verdadera educación, en equidad social, pero siempre teniendo en cuenta que los resultados se verán en el futuro, porque dependen de cambios culturales.

Los mayores todavía recuerdan cuando en nuestra ciudad, en nuestro país, en nuestro continente, jamás se cerraban las puertas con llave porque no hacía ninguna falta. A partir de los 70, las políticas de marginación, de desocupación, de cancelación del horizonte, generaron la inseguridad que hoy seguimos viviendo. Lamentablemente, destruir es mucho más fácil y rápido que construir, y por eso revertir la situación llevará mucho más tiempo.

¿Eso significa que habría que quedarse de brazos cruzados ante la inseguridad? De ninguna manera. Lo que significa es que la situación únicamente será controlada con voluntad política y decisiones acertadas. Atacar las verdaderas causas del delito no va a solucionar el problema de hoy para mañana, pero mejorará la situación. Por el contrario: correr tras los efectos sin comprender por qué se producen, motivará todo tipo de acciones, a cuál más ineficaz. La del mono, como ya se dijo antes.

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