Cada cual debe atender su juego...

Se jugó ayer el partido revancha de la definición de la segunda fase del torneo de la Liga de Fútbol de Rojas, donde El Huracán volvió a ganarle a Jorge Newbery, en esta ocasión por 4 a 2 (en la ida había sido 1 a 0) para de esta forma evitar que los de Barrio Progreso dieran la vuelta olímpica, para la cual los aficionados locales deberán esperar un tiempo prudencial porque la próxima instancia será el 6 Ligas.

Analizando lo visto en el juego de ambos, podemos resumir diciendo que en la primera mitad lo único que pasó fue el gol y en la segunda parte el empate del "Globo" fue como un mazazo para las aspiraciones de los rojinegros, que sufrieron otro gol y no terminaron nunca de recuperarse de la situación desfavorable, a pesar de conseguir otro empate transitorio. Los espacios que quedaron atrás no fueron perdonados por El Huracán, que lo liquidó en las réplicas y terminó siendo un justo vencedor.

Hasta allí, lo estrictamente deportivo, que debería ser lo único a lo cual referirnos a la hora de hacer una comentario.

Pero después del lamentable episodio del domingo pasado, cuando el clásico terminó en una pelea entre jugadores de ambos bandos, cuando las cosas pasan por los carriles de la normalidad también hay que decirlo.

Parece ilógico elogiar lo que es normal, lo que debería ser, pero no está de más hacerlo, en reconocimiento a todos los protagonistas.

Atender el juego de cada uno quiere decir que los futbolistas se dediquen a jugar y los simpatizantes a alentar a sus equipos, del mismo modo que cada parte de la estructura de un club debe llevar adelante su rol: los dirigentes conduciendo y tratando de tomar las mejores decisiones, los asociados aportando su cuota para sostener a las entidades y los hinchas que concurren al club solamente cuando hay partidos, pagando su entrada para colaborar en el mismo sentido.

Ayer en el "Esteban Balín" se vivió un día de fiesta en todo sentido. En la cancha ganó El Huracán porque fue el mejor y Newbery perdió pero dejó todo para revertir su suerte, no hubo juego fuerte ni malintencionado y todos se dedicaron a jugar. En las tribunas hubo mucha gente, que alentó cada uno a su manera, con mayor o menor intensidad pero dedicándose a apoyar a quienes estaban en el terreno de juego defendiendo sus respectivas camisetas. No hubo trompadas, empujones, patadas voladoras ni piedrazos, hubo color, cantitos de aliento, alegría en unos y tristeza en otros que se canalizó de forma respetuosa, los ganadores celebrando en forma medida y los perdedores retirándose de la cancha con hidalguía.

También hay que subrayar que nuestro fútbol no se caracteriza por la violencia, lo habitual es que no pase nada fuera de lo normal tanto adentro como afuera de la cancha, pero tras un domingo de furia volvió la calma, y es justo remarcarlo...

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