Periodismo rojense: Cientos de hombres y mujeres escribieron una historia centenaria

A pocos días de haberse celebrado el Día del Periodista, no podemos menos que recordar a quienes se destacaron en esa actividad a lo largo de la historia de nuestra ciudad, que fueron muchos y buenos.

Durante el acto oficial realizado el viernes pasado en el Jardín 905 fueron nombrados algunos de quienes mucho hicieron por el brillo de la actividad periodística en Rojas: Las familias de Luis Minadeo (reportero gráfico y "notero" de La Voz de Rojas y luego de El Diario); y de Juan Zambuto (propietario del más antiguo de los medios aún existentes, el semanario Chispa).

Sin embargo, fueron muchos más los que faltaron, incluidos varios que aún viven y sin dudas merecen también el reconocimiento. (Habría sido lindo verlos sentados en el acto).

La historia periodística de Rojas nace en 1881, cuando don Juan Oyhanarte funda el periódico "La verdad", un bisemanario que aparecía los jueves y domingos y que pretendía convertirse en un espejo de la época, fruto de la inquietud de una familia cuyo apellido es sinónimo de participación política.

Desde principios del siglo XX fueron muchos los medios impresos que tuvo nuestra ciudad, algunos de ellos injustamente olvidados. Hablamos de El Porvenir (dirigido por don Filiberto Pucciarelli); El Nacional (de Basilio Urdinola); El Debate (defensor del ideario del entonces Partido Demócrata Nacional); La Reparación (de orientación radical, dirigido por Sebastián Ithurralde); un nuevo La Verdad, esta vez dirigido por Asmovinto Formoso; el periódico independiente "Rojas" (aparecido en 1932); La Acción (dirigido y administrado por Eustaquio González); La Palabra (fundado por Horacio González); y otros medios como El Tribuno, Expresión, El Nacional, y la revista literaria e informativa "Lirios blancos".

Dos de los medios que más tiempo permanecieron activos en nuestra ciudad fueron el semanario Chispa y el diario La Voz de Rojas.

Chispa fue fundado en 1932 por don Pelayo Labrada y don Miguel Azcárate. El periódico pasó a manos de Julio Bertolotti en 1959; de Félix Bernardino Aguer en 1970; y de Juan Carlos Zambuto luego del fallecimiento de Aguer, ocurrido en 1976. Pasaron por sus filas recordados periodistas como Ariel Labrada, Irma Oger, Nelly Badel, Abel Martínez, Alberto Emparán, Alfredo Cataldo, Oscar Brondo y Alberto Correa, por citar sólo algunos.

La Voz de Rojas, en tanto, apareció en 1944 por iniciativa de Félix Arturo Rodríguez. Durante la mayor parte de su trayectoria el diario fue conducido por una de las plumas más brillantes que dio nuestra ciudad, Arturo Félix Rodríguez (ARFERO), y por su hermano Carlos Alberto Rodríguez. Fueron parte de su equipo otro reconocido periodista local que continúa en actividad: Ricardo Silveira; y también el reportero ya citado, Luis Alberto Minadeo. Ambos se apartaron de "La Voz" en 1992, para fundar El Diario junto a Roberto Etchart. A cargo de la redacción del diario de los Rodríguez quedaba Beatriz Davio.

La radiofonía también aportó lo suyo a la historia del periodismo. De ella surgieron nombres como Oscar Alberto Cardigni, Eduardo Delgado, el propio Alberto Correa, Luis Adolfo Corro, y muchos otros.

Otros rojenses que abrazaron el periodismo y merecen ser recordados (algunos continúan trabajando hoy en día) son Marcelo Martino y su revista "El país de la siesta", ambicioso proyecto editorial, efímero pero de altísima calidad; y quienes dieron los primeros pasos en el medio televisivo, de la mano de Juan Giovachini y su canal Rojas Televisión Comunitaria (RTC): Norberto Degirolamo, Eduardo Forese y Alejandra Sabato, entre otros.

Como se ve, una rica historia, propia de un pueblo que también se destaca por sus medios de comunicación, hecha por hombres y mujeres que, siendo distintos, con la voluntad y la capacidad que cada uno quiso o pudo aportar, pusieron su granito de arena para hacer al periodismo rojense un poquito mejor cada día.

No está de más, entonces, tratar de que el recuerdo y el homenaje sea lo más completo posible; más allá de que el tiempo, inevitablemente, esconderá nombres y obras tras el manto del olvido.

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