Día del Periodista: poco para festejar

El viernes de esta semana, 7 de junio, será celebrado el Día del Periodista, en memoria de la creación del primer medio de comunicación que hubo en estas tierras a partir de su liberación de España: la Gazeta de Buenos Ayres. (Existió otro antes, el Telégrafo Mercantil, aparecido en 1801 a instancias de Manuel Belgrano, todavía en épocas del virreinato).

Este festejo, al que los medios tradicionalmente le otorgan generosos espacios sin detenerse a considerar que es de mayor interés para ellos mismos que para el público en general, seguramente dará pie para todo tipo de expresiones relacionadas con asuntos socialmente valorados: la honestidad, la verdad, la libertad, la posibilidad de expresarse sin limitaciones, y el derecho a la información, entre otros.

El recuerdo de Mariano Moreno, este 7 de junio, llegará en el que posiblemente sea el momento con mayor libertad de expresión de la Argentina (luego de que fuera derogada la ley que sancionaba penalmente a las calumnias e injurias); y paralelamente, en el que menos son respetados los valores declamados.

No son buenos momentos para el periodismo. La batalla desatada en pos de la creación de un discurso hegemónico, o mejor, de convertir en hegemónica a alguna de las visiones que conviven hoy en el seno de nuestra sociedad, ha servido más para desnudar bajezas morales, e inclusive ineptitudes antes disimuladas, que para colocar al periodismo como la luz que alumbra el camino hacia la verdad.

Esta columna no pretende erigir ídolo alguno; no intenta reclamar un periodismo impoluto, ajeno a las disputas sociales, políticas y económicas propias de la realidad histórica del momento, ni pintar al periodista como un personaje aséptico, una especie de espejo que refleja sin "deformar".

Ni Belgrano, ni Moreno, ni tantos otros "hombres de Mayo" devenidos periodistas fueron meros "informadores". Transmitieron ideas. Claro que lo hicieron a cara descubierta, apelando a la comprensión del lector antes que al engaño; y mostrándose tal cual eran, sin ocultarse detrás de máscaras de "periodismo independiente". Sus intereses estaban a la luz del día, y ellos mismos se encargaban de desnudarlos para que no cupiera duda alguna.

La situación de hoy es radicalmente opuesta, y esto plantea si no sería conveniente darle a la fecha un tono puramente festivo, sin meternos a navegar por mares conceptuales en cuyas profundidades podríamos terminar ahogados, arrastrados por nuestras propias prácticas.

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