La derogación de la Ley 11.757 no sólo es justa para municipales: será un nuevo golpe al clientelismo

Los sindicatos de municipales bonaerenses enrolados en la FeSiMuBo (entre ellos, el de Rojas), han renovado enérgicamente los reclamos para que sea derogada la ley provincial N° 11.757, sancionada a mediados de la década de los '90, que significó para este sector la pérdida de muchos derechos adquiridos de los que goza el resto de los trabajadores argentinos.

Este retroceso laboral y social, producido durante la presidencia de Carlos Menem y la gobernación de Eduardo Duhalde, con los entonces diputados Oscar Cuartango y Alfredo Atanasof como artífices, no sólo afectó negativamente a los trabajadores municipales sino además, de manera indirecta pero significativa, al resto de la sociedad.

Efectivamente: la aplicación del nuevo Estatuto del Municipal impidió a estos trabajadores la discusión de salarios en paritarias; los puso en disponibilidad, sacrificando uno de los mayores logros laborales como es la estabilidad (subsumiéndola al arbitrio del intendente de turno); les quitó beneficios por antigüedad, y varios otros retrocesos. Pero además, y esto no sólo es de interés para el sector, abrió la puerta para que los mandatarios distritales asumieran actitudes clientelares, a partir de su potestad para contratar o despedir trabajadores sin mayores complicaciones, e inclusive fijarles el salario de acuerdo con su voluntad. Las negociaciones atomizadas entre gobiernos municipales y sindicatos locales siempre son perjudiciales para estos últimos, habida cuenta de que pende sobre sus cabezas la posibilidad de perder la fuente laboral.

Queda claro que más allá de la lucha sectorial, esta posibilidad de contratar por poca plata y despedir sin restricciones, haciendo uso y abuso de la figura de "planta transitoria", es sumamente perniciosa para la comunidad toda. Los intendentes tienen hoy la facultad de incorporar gente a modo de "favor político", sin necesidad de rendir cuentas ni sobre la idoneidad del contratado, ni tampoco sobre los servicios a los que será destinado.

También tienen los mandatarios distritales la posibilidad de desprenderse de trabajadores sin dar mayores explicaciones y sin preocuparse por los perjuicios que tal decisión podría provocar sobre la prestación de los servicios. Así es como las plantas municipales crecen o disminuyen (generalmente es lo primero), pero no en función de las necesidades operativas de las diferentes áreas municipales, sino atendiendo a los circunstanciales intereses políticos del gobierno de turno.

Es innegable que el clientelismo político está en retroceso, y uno de los argumentos más contundentes para sostener esta afirmación es la bancarización de los beneficiarios de todo programa social (asignaciones, pensiones, jubilaciones, subsidios, etc.). Hace pocos años, estos recursos llegaban a destino con la intermediación de intendentes, dirigentes y punteros, que muchas veces se quedaban con una parte, y además generaban la "dependencia" clientelar que les permitía construir verdaderas maquinarias de manipulación de votos.

Hoy esto ya no ocurre, sencillamente porque el beneficiario tiene su tarjeta y cobra su dinero en el banco, sin intermediación de ningún tipo. Cualquiera que haya estado interesado en la cuestión conoce el duro enfrentamiento que hubo en momentos de implementarse este nuevo sistema entre el gobierno nacional y dirigentes territoriales, principalmente los "caciques" del conurbano bonaerense. Pero esta mecánica ya está en marcha, funciona, y significa sin dudas un duro golpe al clientelismo.

El manejo discrecional, por parte de los intendentes, de las plantas municipales de personal, es quizás el reducto más importante donde se refugia el clientelismo, rémora de los sistemas feudales propios de la edad media (y de muchas provincias argentinas actuales). El triunfo de los trabajadores municipales con la derogación de la Ley 11.757, que puede demorarse más o menos, pero terminará produciéndose, será un gran avance, y no sólo para ellos, sino para toda la comunidad.

Gear SA

Clyfer