Violencia familiar: los niños primero

Por estos días ha tomado estado público en nuestra ciudad un caso serio de violencia familiar, lo cual vuelve a poner sobre el tapete varios cuestiones, una de ellas (a juicio de este columnista), central: la necesidad de que los derechos de los menores involucrados ocupen el primer lugar de la lista de prioridades cuando una pareja se separa conflictivamente.

El caso, aparentemente, incluiría la comisión de delitos; pero como son de instancia privada, los funcionarios actuantes (policía, hospital, Juzgado de Paz) no pueden brindar información alguna, por lo que se ruega a los lectores tener esto muy en cuenta y no tomar los datos vertidos en esta nota como una verdad, sino como lo que más cerca de ella se ha podido estar.

En este caso habría un solo menor involucrado, sobre el que no se dará ningún dato por motivos obvios; pero sí vale aclarar que tendría muy pocos años, aunque los suficientes como para empezar a comprender ciertas cosas.

El caso está judicializado; actuó ya la policía (a través de la Oficina de Violencia Familiar), hay abogados de parte, y llegó el expediente al Juzgado de Paz. La agrupación "Manos violetas", integrante de la flamante Mesa de Violencia Familiar, también se involucró.

En ese sentido, y dentro de lo trágicas que suelen resultar estas situaciones, todo parecería estar más o menos encaminado, excepto un tema: justamente las trabas que desde lugares insospechados, pretendidamente "defensores" de los derechos de las mujeres, se interponen para el cumplimiento del objetivo que en esta nota se ha planteado como principal: la preservación de la salud del menor involucrado.

La situación planteada ha resonado en algunos medios nacionales, e inclusive se ha apelado a los locales, con la intención de difundir manipulaciones, verdades a medias que, como se sabe, no son más que mentiras.

Varios medios han recibido comunicaciones de un psiquiatra rojense, que consiguió cierta exposición mediática gracias a su participación como perito en la causa por abuso sexual contra el cura Grassi. En dichos mensajes se lanzan graves acusaciones contra el Juez de Paz Letrado de Rojas, cuando una simple mirada de los hechos (con las limitaciones propias del secreto de las actuaciones) alcanza para advertir que lo que el funcionario hace es ni más ni menos que cumplir con lo que la ley establece apuntando a minimizar los daños, sobre todo en el menor.

Vale aclarar que la ley de referencia no es una antigüedad de la época de los edictos policiales, ni mucho menos: es una norma relativamente nueva, y que además fue sancionada luego de una larga lucha de muchas instituciones defensoras de los derechos humanos, que entienden justamente lo planteado en esta nota: que los hijos, lejos de ser un botín de guerra en la disputa entre los miembros de una pareja que se divorcia, son los primeros sujetos de derecho a tener en cuenta.

¿La aplicación de esa ley va en contra de los intereses de, en este caso, la madre del menor? En absoluto; y si así fuera, habría que reiterar la frase del título: los chicos primero... aunque esto en la práctica no se da nunca.

Si el Juez de Paz letrado de Rojas es o no "machista", tal como lo acusa el psiquiatra ya citado, es algo que excede el conocimiento de este columnista... y también debería estar más allá de las consideraciones a tener en cuenta para el manejo de la situación conflictiva. Lo que sí es esperable del Juez es que tome las medidas necesarias y adecuadas a derecho, que permitan terminar con toda situación violenta, como así garantizar el derecho del menor a vincularse sanamente con sus padres, a fin de evitar daños psicológicos que podrían tener para él graves consecuencias en el futuro.

Es muy alentador que la gran mayoría de quienes trabajan en relación directa con esta temática así lo hayan entendido; pero no deja de ser preocupante que algunos aún sigan sin comprenderlo, y es más, desde posiciones de cierto poder, traten de influir sobre la justicia manipulando a la opinión pública en pos de intereses confusos y con argumentación falsa.

La defenestración del llamado "síndrome de alienación parental" (SAP), un problema muy grave y complejo que ha comenzado hace relativamente poco a ser estudiado con energía en las universidades más importantes del mundo, es una de tales manipulaciones; como la creación de la figura de "femicidio", que en los hechos no es más que un agravamiento de penas para los autores de homicidio cuando la víctima es una mujer; o como la "despenalización del aborto", cuya aplicación tal y como la plantean estos "defensores" de los derechos de las mujeres, significaría ni más ni menos que la continuidad de la situación tal y como está en la actualidad (negocio clandestino, muertes, etc.).

La figura de "femicidio" es paradigmática para entender la conducta de tales "defensores" de derechos femeninos: convencidos de que ya pagaron su deuda con el progresismo oponiéndose a la reducción de la edad de imputabilidad, promovieron el aumento de penas para los criminales. Como si agravar las sanciones alguna vez hubiera servido para prevenir algo. Una medida que, filosóficamente, podría haber formado parte sin discordancia ninguna con la "reforma Blumberg" del Código Penal.

Ojalá este episodio quede resuelto cuanto antes. Qué bueno sería que creciera rápidamente la conciencia social y todos los casos de violencia familiar, o la mayor cantidad posible, tuvieran una solución. Claro que para ello habrá que trabajar mucho; y parte de la tarea es desenmascarar a los falsos profetas.

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