Política, partidos, estado y gestión: ¿Se impondrá por una vez la racionalidad?

Falta muy poco para el inicio de las campañas políticas con vistas a las elecciones, un momento apto para expresar un deseo, siempre reiterado pero jamás cumplido: que no se confundan los roles, y que la propaganda no se mezcle con la gestión del gobierno municipal, ni con la tarea deliberativa de oficialistas y opositores en el Concejo Deliberante.

Las elecciones generales, que este año serán puramente legislativas, tendrán lugar en octubre. Pero para agosto están previstas las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias, en las que los partidos o alianzas que no hayan podido consensuar candidaturas, dirimirán diferencias para la integración de las listas.

Los plazos, como se ve, son perentorios; y eso significa que es inminente comenzar a ver acciones de campaña, tanto de promoción de los candidatos propios como de descalificación de los ajenos. De hecho, ya se están viendo.

Rojas, como muchos otros distritos, tiene una triste tradición en ese sentido. La actividad partidaria es por demás reducida, mientras se utilizan para hacer política los espacios que deberían servir para gobernar.

Traer a colación esta realidad, y bregar para cambiarla, no es un capricho. La vida no se detiene porque haya elecciones, y eso implica la necesidad de que el gobierno siga gobernando, y el Concejo Deliberante, realizando su tarea deliberativa sin interrupciones.

Ni la Municipalidad ni el Concejo Deliberante son entidades cuyo fin deba ni pueda ser puesto en función de intereses electoralistas. Por el contrario, tienen roles muy importantes que cumplir, y así deben seguir haciéndolo, sin detenciones y, sobre todo, sin dedicarse a poner obstáculos en el camino del ocasional adversario.

Los partidos, que hoy muestran muy poca actividad, o nula, son los espacios aptos para hacer política, y por eso sería deseable que volvieran a la vida, dejándole a las áreas administrativas el cumplimiento pleno de sus funciones.

Haber inmiscuido a la política en la elección de funcionarios municipales, cuya función no es de esa índole, sino administrativa, fue un grave error de quienes antaño forjaron la normativa provincial vigente. Posiblemente, medidas nacidas de la demagogia. Pero la única verdad es la realidad, y la realidad es que la disputa de los cargos municipales se da en el terreno político. Está en la claridad de la visión de los dirigentes canalizar los enfrentamientos por las vías adecuadas, esto es, los partidos; o bien los rojenses volveremos a ver la misma película: una gestión municipal (ejecutiva y deliberativa) deshilachada por enfrentamientos que nada tienen que ver con el interés general.

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