Caros, pero no los mejores

Transitando ya más de una rueda del torneo local y con un par de temporadas del 6 Ligas desarrollados, hay un aspecto de la competencia en la cual los dirigentes deben seguir poniendo mucho énfasis ya que, dentro de otras cuestiones que exigen ser mejoradas, el tema arbitral sigue siendo de pobre nivel.

Los clubes hacen un gran esfuerzo para armar planteles competitivos y más de una vez sus equipos pierden puntos por equivocaciones de los hombres de negro, que como humanos pueden ser falibles pero que en más de un caso no han estado a la altura del nivel que están dirigiendo, porque el hecho de estar jugando un torneo sólo de alcance regional no quiere decir que haya que observar, domingo a domingo, trabajos arbitrales con muchas falencias.

Los aranceles de los jueces no son baratos ni mucho menos, perciben un buen dinero para lo que debería ser impartir justicia y que no siempre termina siendo eso sino un cúmulo de silbatazos, muchos de ellos desacertados, falta de capacidad para juzgar situaciones de juego y hasta en ciertas situaciones el desconocimiento del reglamento.

Hasta el propio presidente de la Liga Juninense y de la Unión Regional ha reconocido que este es un tema en el cual se debe mejorar, con lo cual nuestra opinión no es caprichosa ni apunta a exacerbar los reclamos de jugadores, cuerpos técnicos y simpatizantes, algo que reciben cada domingo los "colegiados".

Intentamos remarcar una situación y que la opinión sirva para que se siga poniendo énfasis en el tema, estableciendo pautas para la capacitación y requisitos de rendimiento físico de las ternas arbitrales que dirigen en el 6 Ligas.

Claro que es cierto que en los partidos profesionales se ven tremendos horrores de los árbitros, pero debemos ocuparnos de nuestra realidad, y lo importante es reconocer que se debe mejorar y trabajar en ese sentido. Por eso de que no es excusa que como los demás hacen las cosas mal, nosotros no tratamos de mejorarlas...

Ser árbitro, de la misma forma que, por ejemplo, ser docente, debería ser ante todo una cuestión de vocación, y a partir de ahi tomarlo como una fuente de ingresos económicos ya que todo trabajo debe ser remunerado. Si no hay vocación y sólo se piensa en levantar la bandera o tocar el silbato para llevar unos pesos a casa, dificilmente esa persona sea un buen árbitro, de la misma manera que ocurre cuando una persona elige dar clases para tener un sueldo y no lleva adentro esa pasión por enseñar.

La calidad de la competencia la hacen los buenos futbolistas, los buenos entrenadores, los buenos dirigentes, los simpatizantes que pagar su entrada para darle muy buen marco a los encuentros... y también la hacen los buenos arbitrajes...

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