Dos manera antagónicas de enfrentar el problema de las plagas urbanas

Toda enseñanza es buena. Se aprende tanto de las buenas experiencias como de las malas; y en estos días que estamos viviendo podemos apreciar infinidad de asuntos, de problemáticas, de situaciones, que son encarados desde puntos de vista opuesto: unos, positivos y dignos de ser imitados; los otros, negativos y merecedores del más enérgico rechazo.

Claro que las cosas no son siempre blancas o negras; existen los grises, y algunas veces también los colores. Pero como forma de establecer un modelo útil para comprender una parte de la realidad, vale plantear esta dicotomía sobre un tema que forma parte de la agenda pública, aunque probablemente merecería mayor atención: el de las plagas urbanas.

¿Qué es una plaga? Técnicamente, se la define como "aquellas especies (animales o vegetales) que interfieren con la salud humana, con su bienestar, o que afecta sus ingresos económicos".

Las plagas urbanas no tienen que ver con lo económico, pero sí, y mucho con la salud y el bienestar de los habitantes de las ciudades.

A esta altura sería útil señalar que no sólo la pertenencia a una especie define su carácter de "plaga", sino que hay otras cuestiones a tener en cuenta. Por ejemplo: un perro, o un roedor, no pueden ser considerados "plagas" cuando ofician de mascotas, esto es, cuando tienen su hábitat en el hogar de un habitante humano, o de una familia, que se encarga de su cuidado, protección... y también de que no dañe al resto de la población.

Esos mismos individuos, en estado silvestre, sí constituirán "plaga" y deberán ser combatidos. Su presencia en la vía pública significa la probable aparición de zoonosis (enfermedades animales transmitidas al hombre), e incluso de otros riesgos: la cantidad de personas que deben ser atendidas en la guardia del hospital por mordeduras de perros es significativa, más allá de que es un tema del que se habla poco.

Pero como el objetivo de esta nota no es hablar de plagas sino de cómo existen dos visiones, dos maneras diferentes de abordar la problemática, vayamos al grano:

Existen personas, e inclusive organizaciones, que se encargan de "concientizar" protestando; de criticar; de oponerse a los controles y a la erradicación de las plagas, haciendo caso omiso de que se trata de un grave problema sanitario, y pretendiendo, en cambio, mantener el "statu quo", intentando obligar a los humanos a convivir con especies silvestres potencialmente peligrosas, compartiendo el espacio público de la ciudad.

Desde la vereda opuesta podemos ver a otros ciudadanos, y también a entidades, que en lugar de criticar o tratar de forzar situaciones peligrosas, se han puesto a trabajar planteándose estrategias inteligentes. Así es como también dedican mucho tiempo a concientizar, pero en este caso no sobre la pretensión de que no se combatan las plagas, sino dirigiéndose a los vecinos irresponsables que abandonan a las crías de sus mascotas, instándolos a que no lo hagan. Y a la vez, promueven (y trabajan mucho para ello) la adopción responsable, induciendo a los rojenses a que se hagan cargo de los animalitos sueltos, integrándolos como mascotas a sus familias, y brindándoles los cuidados necesarios.

Dos maneras de encarar una misma cuestión: la crítica hueca, la presión para forzar situaciones comprobadamente peligrosas para el ser humano, por una parte; el trabajo inteligente, la apelación a la conciencia ciudadana en dirección hacia una mayor calidad de vida derivada de mejores condiciones sanitarias, por la otra. ¿Hace falta expresar con cuál de estas visiones coincide El Portal de Rojas?

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