Edificios escolares: buscar la forma de cuidar lo nuestro, ya que nadie lo hará por nosotros

Lo ocurrido con el edificio del Jardín de Infantes 909 debería servir como enseñanza de que, más que "llorar sobre la leche derramada", lo cual puede servir para calmar indignaciones pero tendrá pocos efectos prácticos sobre la realidad, sería útil tomar medidas para que no vuelva a ocurrir.

A modo de síntesis, cabe señalar que el edificio ubicado en la esquina de Avellaneda y Zapiola no tiene aún dos años de uso, y ya necesita una obra de gran envergadura para poder continuar funcionando. Los techos han colapsado, el agua de lluvia se filtra al interior de la instalación eléctrica, y esa combinación pone en riesgo serio de electrocución a los eventuales ocupantes, que para colmo, en épocas de clases son sobre todo niños pequeños.

Las "fallas estructurales", según denominó el Inspector Regional de Infraestructura, Pedro Novell, no sólo afectan a los techos, ya que se observan rajaduras en las paredes, e inclusive la carpeta del piso del patio está rota y levantada en varios lugares.

La Unidad Educativa de Gestión Distrital (UEGD) decidió que el Consejo Escolar asuma la responsabilidad de solventar la obra, lo cual será realizado con recursos del Fondo Compensador, y paralelamente continuarán los reclamos a la Unidad Ejecutora Provincial que planificó, licitó y ejecutó la obra. Mientras, el jardín funcionará en la sede del Solar Feliz.

CONTROL LOCAL

El edificio del jardín 909 no fue construido en el marco de las obras habituales que realiza el gobierno de la provincia a través de la Dirección General de Cultura y Educación, sino que forma parte de un programa que utiliza fondos provenientes de financiamiento externo, canalizados desde la Nación hacia una Unidad Ejecutora Provincial, que es la que se encarga de todo lo atinente a la construcción.

En el caso de este edificio, es obvio que en ese organismo radicó la falla, y por eso a él se dirigen los reclamos. Pero más allá de eso, y para no quedar en lo de "llorar sobre la leche derramada", es necesario advertir que por estos días está en plena marcha la construcción de una escuela secundaria sobre calle Hilario Lagos, frente al pabellón del Parque "General Alvear", y que esa obra está a cargo de la misma Unidad Ejecutora Provincial que construyó el 909.

Continuando con la cita de dichos populares, podría recordarse que "el que se quema con leche, cuando ve una vaca, llora". La experiencia del edificio del jardín debería servir, entonces, para convencernos de que no es conveniente esperar sentados a que la obra de la secundaria concluya, sino que habría que encontrar la manera de que los rojenses pudiéramos estar seguros de que las cosas están siendo realizadas como corresponde.

El Consejo Escolar no tiene injerencia sobre la obra, y no hay otro organismo en nuestra ciudad que tenga facultades para inmiscuirse en lo que hace la ya citada Unidad Ejecutora Provincial. Por ende, ya que tal cosa no existe, hay que inventarla.

No es descabellado pensar que sea la propia comunidad educativa que utilizará el edificio la que se ponga al frente del operativo de control. Con ayuda del Centro de Arquitectos, de la propia Municipalidad, de profesionales privados, con la participación activa de la cooperadora... las opciones son muchas, y no es este columnista el responsable de decidir cuál es la mejor.

Lo que sí es evidente es que algo debe hacerse. La experiencia demuestra que esperar sentados no es lo que produce los mejores resultados. Inmiscuirse, participar, controlar es, entonces, una buena manera de garantizar que no estaremos dentro de dos años lamentando no haber hecho nada mientras el nuevo edificio comienza a derrumbarse. Si no cuidamos lo nuestro, nadie lo hará por nosotros.

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