Clyfer vs Bertuletti <---> Clyfer vs Cablevisión: Situaciones idénticas, distinta respuesta popular

La existencia de un monopolio no es un problema de carácter puramente ético, y ni siquiera jurídico: es una alteración de cualquier orden económico saludable, una fuente de problemas palpables y concretos para el ciudadano de a pie.

Un convencimiento de este tipo fue el que animó a los pioneros que, hace ochenta años, se plantearon terminar con un monopolio muy peligroso, porque afectaba un área estratégica como es la energía, creando nuestra Cooperativa de Luz y Fuerza Eléctrica.

La distribución por entonces estaba en manos de una empresa privada, E, Bertuletti y Cía., que como es inevitable, aprovechaba su posición monopólica para brindar un servicio caro y de mala calidad.

Está claro que la energía no es un bien de lujo ni mucho menos. Ya por aquella época era considerado como lo que es, un derecho fundamental, y por lo tanto su administración no podía regirse por la lógica empresaria.

La historia es conocida, y tuvo un final feliz. Rojas logró su cooperativa de electricidad, un ejemplo para el país, que todavía no había visto multiplicarse este tipo de instituciones. Pero lo que no es tan conocido, aunque está al alcance de cualquiera que esté dispuesto a leer la historia, es la manera en que la empresa privada monopólica defendió su posición, sin evitar ninguna de las artimañas que ya existían y siguen utilizándose, como las jugarretas judiciales, la corrupción de funcionarios, la presión a organismos públicos... en fin, lo que seguimos viendo.

El final de aquella historia fue feliz, pero el camino recorrido para llegar a él no fue precisamente un lecho de rosas. A la acción política de la asociación "Amigos de la Ciudad", que trabajó arduamente hasta ver plasmada la iniciativa, se sumó una decidida acción popular que incluyó movilizaciones, y hasta una inédita "huelga de medidores": muchos vecinos dieron de baja su servicio eléctrico con Bertuletti, y se quedaron varios meses sin luz, hasta que la lucha triunfó y la electricidad cooperativa fue un hecho.

Hoy la situación se repite, y es idéntica, fuera de toda metáfora. La comunicación, se sabe, es un derecho esencial que está al mismo nivel que la energía; y la misma cooperativa que fue protagonista de aquellas luchas de la década de los "30 es la que está embarcada en una pelea similar para lograr su licencia como emisora de señal de TV.

Ese concepto fue muy claramente explicado por el presidente actual de la Clyfer, doctor Miguel Piedecasas, durante la presentación pública de la red de fibra óptica: "Nuestro canal local estará abierto a todos, y significará nada menos que la posibilidad de recuperar un poco de soberanía sobre lo que se comunica, y cómo se comunica", afirmaba en la oportunidad.

Pero la licencia de TV de la cooperativa continúa demorándose debido a un reducido número de razones, y una de las más importantes es un amparo contra nuestra cooperativa presentado por la propia Cablevisión, la monopólica, la que mientras la denuncia, contrata a la Clyfer el uso de los postes para sostener su cableado, utilizando argumentos absurdos, pero atendidos por organismos públicos cómplices.

Una ciudad como Rojas no puede carecer de su canal local de televisión; y es lo que ocurre aquí, debido a que Cablevisión ni siquiera cumplió nunca con la obligación que le imponía la vieja Ley de Radiodifusión, la 22.285 ya derogada, la que llevaba la firma de Videla y Harguindeguy, según la cual debería disponer de una frecuencia para emitir contenidos locales.

Obviamente, no cumple ni de lejos con tal imposición el "noticiero", emitido durante una porción de tiempo muy pequeña, y producido por periodistas que cubren lo que ocurre en horario de comercio.

Es necesario aclarar que esto no es una crítica a quienes se desempeñan como periodistas y técnicos en Cablevisión, que realizan su tarea con idoneidad y eficiencia. Claro, lo hacen de acuerdo a lo que la empresa les exige, que no es, ni podría ser (por la magnitud de los recursos humanos y técnicos disponibles) lo que Rojas necesita en materia de comunicación local por TV. Situación idéntica: servicio esencial, caro y de mala calidad.

La cuestión es, entonces: ¿la población rojense estaría dispuesta a encarar una lucha contra el monopolio como hicieron los pioneros de 1930? ¿Sería posible hoy una "huelga de cable", en la que los usuarios de Cablevisión dieran de baja su servicio y estuvieran dispuestos, como otrora sin luz, a pasarse el tiempo que fuera necesario sin televisión? ¿Cabe que los socios de la Clyfer, tal como lo prevé su estatuto social, promuevan el tratamiento en asamblea de la rescisión del contrato con Cablevisión, para eliminar de todo poste de propiedad de la cooperativa el cableado monopólico?

Este columnista tiene serias dudas sobre la respuesta que tal iniciativa tendría en Rojas, a nivel comunitario. ¿Será que los rojenses de antes estaban hechos con otra madera?

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Aclaración: alguien podría considerar que existe otro servicio, DirecTv, lo cual es verdad. No obstante, no fue considerado en la nota debido a dos razones: su importancia es absolutamente minoritaria en el mercado rojense de señal de TV, y carece totalmente de contenido local; ni siquiera el mínimo "noticiero" que sí ofrece Cablevisión.

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