Ruta 188: La discusión sobre controles esconde la voluntad de no hacer obras

Una de las diferencias que hay, o debería haber, entre el gobernante y el ciudadano de a pie, es que mientras este último juzga según la Ley del Talión, castiga (lo haría si pudiera) con linchamiento, y emite juicios basados en percepciones personales, el primero debería hacer lo propio utilizando la Constitución y las leyes, el Código Penal, las estadísticas y el conocimiento científico.

Lamentablemente esto no siempre ocurre, y son habituales los casos en que los argumentos de peluquería se adueñan del discurso público y lentamente van poblando decretos, resoluciones y considerandos de proyectos.

Algo así es lo que viene ocurriendo con el análisis de un problema serio que existe en Rojas, y es el del tramo de la ruta 188 que atraviesa la zona urbana.

Si hiciera falta describir un problema que todo rojense conoce, habría que señalar que mientras la zona urbana está de un lado, del otro existe gran actividad comercial e industrial, e inclusive tres de las cuatro estaciones de servicio que hay en el pueblo. Esto obliga a muchísima gente a cruzar la calzada, y de ahí nace gran parte del riesgo de que suceda un accidente.

También es necesario considerar cuestiones macroeconómicas: en la última década, la industria automotriz sacó a la calle siete millones de nuevos automóviles; a la vez, la economía vino creciendo un 7 u 8 por ciento anual, incluyendo en esto al sector agropecuario. Como cualquiera puede apreciar, las dos cosas han sido motivo de que la cantidad de vehículos que transitan creciera exponencialmente.

Otro dato es estadístico. No tiene rigor científico, porque es solamente un archivo periodístico, pero aún así es mucho más preciso, obviamente, que el capricho antojadizo de quien no maneja número ninguno: se trata de la velocidad a la que circulan los vehículos que protagonizan accidentes, muy reducida en la gran mayoría de los casos.

Desde hace años se escucha hablar en este pueblo de la necesidad de colocar semáforos, "reductores de velocidad", e inclusive hace muy poco también de contratar a una empresa foránea para instalar radares. Hace algunos años aterrizó en el lugar una "travesía urbana", que en el caso rojense consistía en un cartel que la anunciaba y una caja de chapa que jamás llegó a contener el equipo electrónico necesario para hacer funcionar tal dispositivo.

Pues bien: todas esas afirmaciones, nacidas de la más pura ignorancia, en realidad también esconden una motivación última: mantener a la ciudadanía discutiendo nimiedades, de manera de lograr el verdadero fin, que es evitar hacer las obras de infraestructura necesarias para darle realmente mayor seguridad a esa zona de la ciudad.

Ningún control, ninguna inspección, ningún radar, nada de eso será capaz de evitar aquello que no está prohibido pero que es causa de accidentes, como el giro a la izquierda en cualquier lugar del tramo de la ruta que va desde la rotonda hasta el puente sobre el río Rojas, o el cruce de la calzada a la salida de las fábricas y las estaciones de servicio.

Es en esos lugares donde ocurre la mayoría de los accidentes que, como se ha dicho, no son fruto de excesos de velocidad sino de la gran desorganización existente, nacida a su vez de la falta de una infraestructura adecuada.

Es obvio que si ese tramo de ruta tuviera una división central que impidiera el giro a la izquierda; si hubiera rotondas que permitieran atravesar la calzada desde el pueblo hacia la zona opuesta y viceversa con seguridad; y sobre todo, si existieran calles colectoras para el tránsito local, dejando la ruta nacional con exclusividad para los vehículos que realizan viajes interurbanos, entonces el índice de accidentes se vería drásticamente reducido.

Pero claro, para eso hay que invertir recursos que, aparentemente, nadie piensa sacar del bolsillo.

Y a esta altura de la nota sería bueno recordar que el tramo de ruta 188 que atraviesa Rojas está concesionado, y que la empresa que lo explota está obligada, según las condiciones de la concesión, a ejecutar las obras mencionadas. Sin embargo, tales trabajos vienen siendo simples promesas desde hace ya demasiados años.

Mientras tanto, el coro sigue desafinando con las cancioncitas de siempre. Aunque, la verdad, es difícil imaginar razones que justifiquen realmente, por ejemplo, la intención de contratar a una empresa foránea para que instale radares y se lleve recursos sin solucionar problema alguno. De verdad es difícil...

Gear SA

Clyfer