Más vale pensamiento propio que consignas ajenas

Las recetas estandarizadas para solucionar problemas pueden ser eficaces, pero sólo en los casos en que las situaciones a reparar no se apartan de la media, de lo esperable.

No sirven, en cambio, cuando las problemáticas son particulares, o bien diferentes a las socialmente aceptadas, y sobre todo, cuando éstas han sido impuestas a través de los medios de difusión.

El de Rojas es uno de esos casos particulares, y vale la pena destacar esto porque dada la situación, como rojenses estamos obligados a pensar en soluciones nuestras, antes que a "importar" recetas que probablemente sirvan en realidades diferentes, pero serán inocuas, o hasta perjudiciales si se aplicaran aquí.

Esta idea parte de que la "realidad", tal cual la vemos, está íntimamente relacionada con el discurso que construyen los medios masivos de difusión.

No se trata aquí de abordar cuestiones ideológicas sino de orden práctico: los medios masivos son empresas cuyo fin es el lucro, y por ende necesitan captar la atención del público utilizando todo tipo de recursos que terminarán distorsionando la "realidad", o más bien, construyendo una propia, diferente de la que se generaría si existiese responsabilidad informativa.

Es necesario reiterar que esto no es un cuestionamiento a la ideología de cada medio, sino a la lógica que los mueve a todos por igual. Vende más una chica violada que una fábrica inaugurada, y así es como la marginalidad, la inseguridad, el accionar mafioso de determinadas bandas, son cosas que están en todas las pantallas y configuran un tipo determinado de "realidad".

De poco servirá saber, por ejemplo, que en todo 2011 hubo un total de 56 homicidios en ocasión de robo en todo el país, y que ese número viene disminuyendo año a año desde principios de siglo. Mirando la tele, uno se enterará de que hay un muerto cada media hora; posiblemente, el mismo de antes de la tanda. Y construirá su "realidad" en base a eso.

Por supuesto, estas "realidades" suelen estar más o menos adaptadas al devenir de los grandes centros urbanos, de Argentina y de otros países. Está claro que la inseguridad puede ser la primera causa de muerte en el Distrito Federal de México, o las enfermedades derivadas de la contaminación ambiental, mostrar un índice parecido en San Pablo, Brasil.

Pero aquí va la idea central de este artículo: Rojas, y todos los demás pequeños pueblitos perdidos en la inmensidad del territorio argentino, no aparecen en la tele. Por ende, la "realidad" que se construye a partir del "estar informado", que no es otra cosa que consumir grandes medios de difusión, no tiene nada que ver con la "realidad real" que se vive aquí.

Este columnista no recuerda que haya existido un solo homicidio en ocasión de robo en Rojas, por lo menos en los últimos veinticinco o treinta años. Existió, sí, una agresión a un comerciante, el año pasado, que estuvo cerca de eso. Por fortuna no murió nadie, y ese único caso podría contabilizarse como el de una vida en peligro por la inseguridad. En décadas.

Tampoco la contaminación es un problema grave, y en ese sentido, cabe recordar lo absurdo de las acciones emprendidas contra el presunto contenido de PCB de los transformadores eléctricos, que según se pretendía, habría sido causa de casos de cáncer.

Este columnista escuchaba hace algunos días al presidente de la Clyfer, doctor Miguel Piedecasas, quien señalaba que a diferencia de todo el resto del mundo, Rojas contará con excedentes de energía y de potencia luego de poner en funcionamiento su central de generación a partir de la biomasa.

Tal declaración disparó un pensamiento: aún sin esperar a que esté lista esa central, Rojas ya tiene excedentes de energía y de potencia, y cabe señalar que los tiene gracias a dos modestos transformadorcitos que fueron colgados de una línea de alta tensión hace veinticinco o treinta años.

Es decir: En Rojas no hay problemas de energía, pero eso se debe a que no hay en qué utilizar la electricidad, y no a que hayan existido inversiones permanentes en función del desarrollo industrial local, porque no hubo desarrollo alguno. Probablemente había más fábricas en los '60 que ahora.

Esta nota es, entonces, una invitación a que abandonemos las realidades "importadas", las recetas impuestas, los diagnósticos ajenos, y pongamos en marcha nuestro pensamiento propio, apuntando a solucionar nuestros problemas reales, que indudablemente los tenemos.

Si en Rojas la primera causa de muerte es el aburrimiento, y si uno de los problemas más graves que tenemos es que los jóvenes huyen ni bien pueden porque no tienen aquí manera de desarrollar su vida, entonces, por favor, paremos de hablar de inseguridad, de contaminación, y de otros flagelos que provocan graves daños en lugares muy distintos al nuestro, y démosle lugar a nuestra problemática real.

Pensar en qué nos pasa realmente, imaginar soluciones acorde a los verdaderos problemas que tenemos, no utilizar herramientas represivas para la prevención y buscar la manera de prevenir aquello que realmente nos hace daño, es el primer paso para dejar de intentar dar respuestas a preguntas que en Rojas jamás se hicieron ni se harán.

(Se agradece a Joan Manuel Serrat por haber aportado parte de la inspiración gracias a su canción "Pueblo blanco".)

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