Los "provinciales" infantiles, el tema del verano

Con los meses de verano muy cerca, deberíamos imaginarnos que se viene una etapa del año en donde debería primar el descanso, tras una temporada que seguramente ha dejado agotado tanto a deportistas como a dirigentes y padres.

Pero contrariamente a lo que pasa en muchas disciplinas, el fútbol infantil parece potenciar la exigencia para los más pequeños, que en algunos casos se preparan para vivir una interminable seguidilla de certámenes por invitación, que pueden ser muy lindos ya que competir es siempre interesante pero que inevitablemente dejarán exhaustos a muchos, no sólo en lo que se refiere a jugar todos los días sino en los gastos que insume tener que viajar a varios lugares de la zona para cumplir con diferentes compromisos.

No estamos diciendo que estos torneos "provinciales" sean malos ni nada de eso, sino que se deberían programar de otra forma. Pasa muy seguido que una determinada categoría, generalmente la que corresponde a los pequeños que el año venidero pasan a jugar en divisiones juveniles, tiene una acumulación de certámenes incomensurable. Hemos escuchado a muchos papás quejarse de tener que pasarse el verano de aquí para allá, jugando en los torneos que se hacen en Rojas y viajando a diario a ciudades de la región todas las noches, con el costo y, sobre todo, el riesgo que significa andar tanto tiempo por las deterioradas rutas de la zona.

Lo concreto que estamos proponiendo es que, si no lo han hecho todavía, dirigentes de las instituciones se sienten a la mesa en una gran reunión regional para armar un calendario coherente, repartiendo las semanas en forma intercalada entre distintas categorías, es decir dándole a los pibes dos o tres campeonatos estivales, algo lógico, y no seis, siete y hasta más "provinciales" a una categoría y apenas uno o dos torneos a las restantes.

Este tipo de torneos persigue como objetivo, además de la competencia, la recaudación de fondos para hacer una "base" para arrancar el año venidero, algo que está muy bien porque no es sencillo para un club afrontar los variados gastos que demanda poner a sus elencos infantiles en la cancha. Desde ese punto de vista, los "provinciales" no revisten ningún cuestionamiento.

Otra cuestión a tener en cuenta es el de jugar por los puntos. Se han visto torneos donde los pibes de nueve, ocho y aún más pequeños, compiten como si tratara del Mundial de la FIFA, cuando durante todo el año, por decisión - correcta - del Departamento de Fútbol Infantil de la Liga los partidos son amistosos, se arma un fixture pero no hay tabla de posiciones. Ni hablar de la definición cuando un partido termina empatado, lo que obliga a la definición por penales, situación que es de alta presión para jugadores profesionales, ni hablar para chiquitos que están en etapa de crecimiento y maduración...

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