El paisaje lunar, un recurso turístico desaprovechado en Rojas

Desde esta columna hemos señalado varias veces que la construcción de identidad turística no depende de los recursos naturales que pudiera haber, sino de decisiones humanas.

Está claro que la existencia de litoral marítimo, de sierras, de montañas, de termas, de ríos aptos para la pesca, de cosas por el estilo, ayuda a esa construcción; pero no es imprescindible.

En Rojas no tenemos ninguno de tales atractivos naturales, pero existe algo que, sin ser natural, podría servir perfectamente como ventaja comparativa para identificarnos turísticamente: los cráteres de todo tipo y tamaño que, individualmente o agrupados de todas las maneras que se pueda imaginar, y más todavía, cubren calles y avenidas a lo largo y a lo ancho de Rojas, configurando un paisaje muy parecido al de la Luna, que podría ser explotado turísticamente.

Esto podría parecer algo delirante, pero cabe destacar que hay antecedentes sobre la construcción de identidades turísticas vinculadas a elementos fantásticos (N. de la R.: "fantástico", de "fantasía"). Sin ir más lejos, está el cerro Uritorco, en Córdoba, cuyo atractivo descansa sobre la visita de extraterrestres (?); o la localidad patagónica de El Bolsón, que atrae gente, entre otras cosas, por cierta pretendida facilidad para el consumo de sustancias de dudosa legalidad...

¿Por qué no convertir a Rojas en la Capital del Paisaje Lunar? Esta posibilidad abriría varias puertas para el desarrollo de la industria turística, nacional e internacional; inclusive, para la realización de actividades económicas como la publicidad.

En este último sentido, vale destacar que poco después de que los Estados Unidos de Norteamérica dejaran sentado que la Luna era de su propiedad, plantándole su bandera, comenzó la compraventa de lotes, algo que en muchos lugares del mundo continúa siendo una costumbre, posiblemente más arraigada que la de comprarse un terrenito en el cementerio.

Como cualquier rama del comercio, la venta de lotes en la Luna admitiría campañas publicitarias, y Rojas está perfectamente posicionada para brindar el escenario apropiado.

¿En qué lugar de la Tierra podría escenificarse mejor el Mar de la Tranquilidad, o el Lago Muerto, que en la calle Hilario Lagos? La esquina de Frías, por ejemplo, es apta para tomas desde todos los ángulos...

¿Y la esquina de Lavalle y Las Heras, inicio de Fortín Mercedes, frente a la sede de AFA? Es probable que ni la propia Luna cuente con cráteres semejantes...

Ni hablar de los cruces de vías (Bicentenario, Helguera)... la esquina de Dorrego y General Villegas... gran parte de las avenidas Las Heras, Fuerte Federación y Tres de Febrero... Muñoz y Solís... Dorrego y Constitución... Colón y Mármol... 9 de Julio y Villegas... Moreno y Colón... Larrea y Tormey... Lavalle y Dardo Rocha... cuadras y cuadras de las calles Paso, Colón... y por supuesto, los barrios, aunque con la salvedad de que no podrían utilizarse en días de lluvia porque como casi todo el mundo sabe, en la Luna no hay agua, y aquí se forman verdaderos fangales, proceso con el que colaboran lomos de burro y otras obras de infraestructura.

Los ejemplos expuestos son sólo eso, ejemplos, dado que hacer una lista completa de los lugares aptos para escenificar paisajes lunares en Rojas excedería las posibilidades de espacio de esta nota.

Pero a partir de ahora habría que planificar; decidir si es el Estado el que aprovechará este recurso genuinamente rojense para el desarrollo de la industria turística, o bien si se concesionan los espacios a la actividad privada, bajo ciertas condiciones.

El cuidado de los espacios también deberá ser objeto de la atención pública; por ejemplo, habría que colocar carteles que digan "Prohibido tránsito liviano" para evitar que autos, motos y bicicletas dificulten la tarea de craterización que por propia iniciativa vienen realizando los camioneros desde hace décadas.

Como se ve, las posibilidades están dadas, y sólo hace falta un poco de imaginación para sacarle provecho a lo que supimos conseguir.

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