El Conservatorio, entre las sobresalientes de una ciudad con instituciones modelo

Rojas es una ciudad que, en relación con su cantidad de población, cuenta con una importantísima actividad de instituciones sociales (lo que técnicamente se conoce como Organizaciones No Gubernamentales, ONGs), entre ellas algunas benéficas, otras de ayuda a grupos específicos de la sociedad, deportivas, educativas, y mucho más.

En ese marco, sin dejar de reconocer que la inmensa mayoría de las entidades trabaja muy bien aún en condiciones adversas, es lícito destacar la tarea que desarrollan algunas en particular, y entre estas últimas, sin dudas, se encuentra el Conservatorio Municipal de Música.

Es verdad que se trata de una institución dependiente de la comuna; pero no lo es menos que es un establecimiento autónomo, al estilo de la Biblioteca Pública, que toma las decisiones de manera independiente, más allá de que coordina algunas pocas actividades con el gobierno municipal.

Es, además, una entidad relativamente nueva: fue creada en junio del año 2004, y durante los ocho años de actividad que lleva debió enfrentar todo tipo de obstáculos. No obstante, logró sortearlos, y fue mejorando hasta convertirse en un establecimiento que brinda servicios de alta calidad, y si se quiere, también con salida laboral, sin olvidar lo que brinda a nivel comunitario en todo lo que tiene que ver con la promoción del arte musical.

El aspecto edilicio es uno de los que siempre ha complicado al Conservatorio. Desde su inauguración funcionó en una casa sita en calle Iribarne entre Juan G. Muñoz y Presidente Perón, un lugar que no tenía las comodidades adecuadas para un desarrollo eficaz de las actividades, y además estaba en un primer piso, con lo cual obligaba a los alumnos a subir una escalera; peligro para algunos, barrera para otros.

Pese a las complicaciones el Conservatorio empezó a mejorar; la matrícula fue creciendo, como así el número y calidad del equipo docente. Las "audiciones" de alumnos y profesores, que en ese primer momento se realizaban en el Centro Cultural "Ernesto Sabato" debido a la incomodidad de sus instalaciones, empezaron a formar parte de la agenda cultural de la ciudad.

En octubre de 2007 hubo un primer salto cualitativo, cuando el Conservatorio fue trasladado a la sede donde actualmente funciona, un sector del edificio que alberga a la Terminal de Omnibus. Aún sin contar con todas las comodidades que necesitaría, la nueva sede tiene varias aulas y también un auditorio para realizar reuniones y espectáculos, algo impensable en su primera casa.

Pero es probable que el verdadero punto de inflexión para esta entidad tan joven como trascendente para la ciudad, haya sido la llegada a los puestos clave, los de director y secretario, de dos profesionales con excelente formación y vasta experiencia, tanto en lo musical como en lo docente: se trata, respectivamente, de Verónica Lolo y Delia Martínez.

A partir de la llegada de Lolo y Martínez, el Conservatorio adoptó decididamente como objetivo principal a la calidad. Convocó a los mejores músicos que pudo encontrar en la ciudad, y cuando no los hubo, no dudó en traerlos de ciudades vecinas, siempre atendiendo a esa voluntad de brindar un servicio educativo de excelencia.

Y a esta altura de la nota, cabe una digresión: Es común escuchar de boca de vecinos rojenses que resulta necesario "sacar a los chicos de la calle", y que para eso hay que "ofrecerles actividades". Esto es verdad, pero habiendo coincidido en ese diagnóstico inicial, no puede esquivarse la pregunta: sacarlos de la calle, pero ¿para qué?

El pensamiento dominante en este pueblo no ha cambiado a lo largo de los siglos: hay una política, no escrita pero sí practicada, que indica que a los jóvenes hay que mantenerlos entretenidos hasta que tengan la edad suficiente para irse a desarrollar su vida en otra parte.

Pues bien: si hay algo que distingue al Conservatorio, y que lo hace merecedor de todos los aplausos, es justamente que contradice esa visión y sabe bién para qué sacar a los chicos de la calle: no es para "entretenerlos" sino para darles una formación de calidad, que les permita realizarse como seres humanos y empezar a desarrollar su vida hoy, no después de haberse ido a los 18 años.

Ojalá hubiera muchas más instituciones como el Conservatorio en Rojas. Obviamente, no a todo el mundo le gusta la música, y sería muy bueno que quienes tienen aptitudes personales y gusto por los asuntos técnicos, las humanidades, la filosofía, cualquiera de los campos de la civilización humana, contaran con la misma posibilidad que tienen hoy en Rojas los que optan por la música y, en cierta medida, también por el deporte.

Gear SA

Clyfer