De todo se vuelve, menos del ridículo...

Siempre que llegan estos días de fin de invierno, con sus calorcitos, sus árboles que brotan y sus pájaros construyendo nidos, retornan también ciertas conductas que a este columnista, inevitablemente, le recuerdan el libro "Mi pueblo", de Chamico (Conrado Nalé Roxlo), cuya lectura se recomienda enfáticamente.

Y es que los mismos calores que encienden el ánimo de animales y vegetales, hacen arder también la sangre joven de los humanos, lo cual siempre es una preocupación para las autoridades municipales, la policía y el Foro de Seguridad.

Por estos días han arreciado las preocupaciones, porque tal como viene ocurriendo desde tiempos inmemoriales, jóvenes de los últimos cursos de cada escuela secundaria pintan mensajes humillantes o amenazadores en paredes de los demás establecimientos.

Esta costumbre, que en casi todo el planeta se llama "graffiti" pero en Rojas lleva el curioso nombre de "vandalismo", ha motivado todo tipo de reuniones, búsqueda de métodos de investigación que permitan dar con los responsables, evaluación de posibles sanciones... y todo, como era de esperar, ocupa a los actores más importantes de la ciudad en el tema de la seguridad.

Algunos medios periodísticos también se han hecho eco del asunto, por supuesto, e inclusive se han sumado a la "indignación" que tales "actos vandálicos" deberían provocar. (Indignación que no debe ser muy distinta a la que sentirá cualquier hincha de River cuando, ante un triunfo de Boca en el superclásico, la parte bostera de la sociedad le pinta "pecho frío" o "hijos nuestros" en la fachada de la casa, aunque para el extraño imaginario rojense esto no es tan grave.)

Estas actitudes se condicen perfectamente con la ideología dominante de este pueblo, aunque son contradictorias con cualquier razonamiento lógico; por ejemplo, con el que indica que la actitud de los jóvenes no sólo no es destructiva, sino todo lo contrario: trabajan arduamente, fuera del horario escolar y en lugares conseguidos mendigando, para tener la mejor escenografía, los trajes más lindos, la iluminación y decoración más originales, en el baile que los de su escuela organizarán para festejar la llegada de la primavera. Y también "gastan" a los otros con "pintadas", eso sí...

Pero esta actitud juvenil, que es conocida por todos menos por quienes deberían conocerla, podría ser una oportunidad extraordinaria para orientar la energía de los chicos hacia objetivos estratégicamente pensados. Esto, queda claro, jamás será posible; lo que no se entiende, es peligroso; y lo peligroso debe ser reprimido. Esa es la lógica de la ideología dominante en este pueblo.

Otra cuestión que por estos días también está en la mente de los mismos importantísimos actores ya nombrados (situación que resultaría sumamente divertida si no fuera patética) es el impulso a algo que ha dado en llamarse "primavera sin alcohol".

Realmente asombra tan fuerte preocupación por convertir al 21 de septiembre en el único día festivo del año en que los jóvenes de la ciudad no se atiborran de bebidas alcohólicas, tal como sí ocurre todos los viernes y sábados en los boliches rojenses, donde pibes desde los 14, 15 años, entran caminando sobre dos patas y salen en cuatro.

Está clarísimo que si los chicos no comenzaran a consumir alcohol a esas edades tan tempranas, llegarían a los 17, 18 años haciendo vida sana, en su gran mayoría. Habría, como siempre hubo, casos excepcionales... pero la situación sería totalmente distinta a la actual, donde la inmensa mayoría de los pibes consume bebidas alcohólicas regularmente, mientras la sociedad adulta, bien mira para otro lado, bien promueve tales conductas, y a la vez considera "empresarios" o "comerciantes" a delincuentes que deberían estar en la ruina y con todos sus locales clausurados, simplemente si se cumpliera con la ley 11.748. O presos, según esta modesta opinión, en función de la verdadera justicia.

¿Cómo concluir esta nota? ¿Qué reflexión cabe extraer del absurdo? Quizás, que tan mal no debemos estar en materia de seguridad, si los más importantes funcionarios del área están dedicados a estos temas. O bien, que a lo mejor sí estamos mal, muy mal, porque el ideario que hoy nos guía como comunidad nace de la hipocresía, uno de los peores males de la humanidad, quizás el que más grandes daños ha engendrado. Mayores, aún, que cualquier pintura en aerosol.

Gear SA

Clyfer