Reestructurar las tasas municipales, una materia pendiente

La reestructuración de las tasas municipales es un tema que suele quedar relegado, aunque esto no ocurre porque carezca de importancia, sino porque hay cuestiones más urgentes que lo van alejando de la atención pública. Sin embargo, en algún momento habrá que ponerlo sobre la mesa, y sería deseable que ese instante llegara antes de que las distorsiones produzcan problemas graves.

Es que las municipalidades han ido mutando; cambió su estructura, y fundamentalmente su rol en la comunidad. Es obvio que ya no existen (o no deberían deberían existir) los "municipios ABL" (los que sólo se ocupan de alumbrado, barrido y limpieza), ya que una verdadera descentralización exige equipos de hombres y mujeres capaces de diseñar y ejecutar políticas activas, generadoras de desarrollo en las ciudades del interior, potenciando las economías regionales, integrándolas entre sí y a los grandes centros de la actividad económica. Esto es así, hay múltiples ejemplos de los resultados que da esta visión (y de los perjuicios de la opuesta), más allá de que suene a chino básico para la inmensa mayoría de quienes pasaron, están y (probablemente) pasarán por el funcionariado municipal.

Los gobiernos municipales son hoy entes proveedores de servicios que van mucho más allá del ya nombrado "ABL"; tienen en sus manos servicios de salud, de educación, de promoción social y productiva, y deberían tener, además, injerencia directa sobre el impulso o desaliento de diferentes actividades, con vistas a orientar la evolución del distrito en sus diferentes aspectos. Y cada una de esas cosas tiene un costo.

Antes de continuar, es necesario aclarar que una tasa no es un impuesto. Mientras este último es una contribución que se exige para el sostenimiento de la estructura del Estado, la tasa es, simplemente, el pago por un servicio determinado.

Su cálculo resulta, entonces, muy sencillo: se trata de presupuestar lo que costará brindar tal servicio, y dividir la suma resultante por la cantidad de vecinos afectados al pago.

Esto se cumple muy bien en nuestro distrito con dos tasas: la de alumbrado público y la de conservación de la red vial. En el primer caso, porque es la Clyfer la que realiza el cálculo, incluyendo el costo de la energía, el del mantenimiento previsto, mano de obras, inversiones, y demás rubros presupuestarios, y luego propone un valor para la tasa que, en general, es respetado por concejales y mayores contribuyentes.

En el caso de la Vial, existe una dependencia cuasi descentralizada que dispone de recursos afectados por ordenanza, y el valor de la tasa es fijado en función de un "coeficiente vial" elaborado por los propios productores a través de las comisiones rurales y el Consejo Asesor Municipal, en base también al presupuesto y necesidades de inversión.

Muy distinto es con el resto. Las tasas, en su conjunto, han sido instituidas mucho antes de que la Municipalidad tuviera la estructura que hoy muestra, y por eso es que están absolutamente desactualizadas. Por exceso y por defecto.

Es inaudito, por ejemplo, que veinticinco años después de haberse hecho cargo de su hospital público, Rojas no haya establecido una tasa de Salud. Es verdad que el gobierno provincial destina recursos afectados a tal fin, pero no lo es menos que tales dineros son absolutamente insuficientes para sostener la estructura hospitalaria que tenemos, que, valga la aclaración, es significativamente mejor que las de los centros sanitarios provinciales.

También resulta sorprendente que no exista una tasa de educación, cuando el gobierno municipal sostiene una variada oferta en este rubro, que incluye un jardín maternal, el Conservatorio de Música, la Escuela de Bellas Artes y el Centro Universitario, entre otras dependencias.

Por el contrario, sobreviven otras tasas que no son son pago de servicios ya que la Municipalidad no brinda contraprestación alguna, como la habilitación y control de antenas, la publicidad, los derechos de construcción... obligaciones más parecidas a impuestos (que un Municipio no puede cobrar) que a verdaderas tasas entendidas como pago por un servicio determinado.

Un caso particular es el del comercio; hay tasas que los propietarios de locales deben abonar, mientras los que ejercen la venta de tipo ambulante no pagan. Esta última modalidad del comercio ha crecido muchísimo; ya no son casos excepcionales como antaño; se ha convertido en una actividad económica relevante, y no debería estar diferenciada del resto... aunque sería bueno discutir si deben pagar todos, ninguno... o cada uno un poco, en función de qué es lo que reciben desde la Municipalidad a cambio de tal pago.

Está claro también que una reestructuración de este tipo significará un aumento en la suma total que cada vecino deberá pagar; pero tal incremento reflejará, sin dudas, la potenciación de los servicios que la Municipalidad brinda, que también fue creciendo a pasos agigantados en los últimos años.

Para cualquier gobierno municipal, disponer de los recursos necesarios acorde a los servicios que brinda tiene un significado fundamental: es, ni más ni menos, que la posibilidad de jerarquizar a su gente, capacitando trabajadores e incorporando funcionarios más capaces (obviamente también más caros), con el consecuente beneficio para la ciudadanía toda.

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