Ruta 45: Avanzar... o seguir retrocediendo

La pavimentación de los dieciséis kilómetros de la ruta 45 que aún siguen siendo de tierra está, afortunadamente, en marcha. Y es necesario que así continúe; que sean respetados los plazos de obra (ahora estirados hasta abril próximo), y que el ritmo de labor sea sostenido, para que no vuelva a pasar lo que ya ocurrió: largas detenciones que provocan el deterioro total de lo construido, obligando a que cada reinicio sea prácticamente desde cero.

La pavimentación de la ruta 45 es una larguísima historia para la región, que comenzó allá por 1983, luego de la recuperación de la democracia, cuando la antigua intención de contar con una carretera que uniera Rojas con General Arenales se plasmó en un proyecto con todas las de la ley: se definió la traza definitiva (había varias opciones), y se iniciaron las gestiones para lograr la financiación, el llamado a licitación, y demás detalles.

El primer tramo fue pavimentado muy rápidamente. Durante el gobierno del radical Alejandro Armendáriz, momentos en que el "Negro" Luis Rodolfo Almar era diputado (llegaría a ser Presidente de la cámara baja bonaerense), se concretó la obra en el tramo que va desde la ruta provincial N° 31, paraje Loma Negra, hasta la intersección con el camino a La Beba, del otro lado del río Rojas. Ello obligó, inclusive, a la remodelación del puente Hardoy.

Pero después pasaron muchos años, hasta que en la década de los '90 el peronista Eduardo Duhalde resucitó este viejo anhelo. En esta oportunidad hubo otro tramo pavimentado, pero se empezó por General Arenales; la obra llegó aproximadamente hasta La Angelita, y allí se detuvo. Quedaron dieciséis kilómetros de tierra, un segmento de ruta que, comparado con las grandes obras viales, es una minucia. Pero así quedaron las cosas...

La fuente de recursos necesaria para terminar esta obra también fue variando. Durante la gobernación de Felipe Solá se había barajado la idea de incluirla entre las que se pagarían con un fondo fiduciario que provendría de la venta del Banco Hipotecario Nacional, una rémora del remate menemista de los bienes del Estado. Luego de 2003 quedó descartada esta posibilidad, y fue entonces cuando se pensó sumarla a un "paquete" que sería financiado con un crédito del Banco Mundial a la Provincia de Buenos Aires, que tampoco cuajó: esos recursos eran para obra nueva únicamente.

En 2005, la Legislatura Provincial aprobó la Ley 12.372, en cuyo anexo I figuraba la terminación de la 45 durante el año 2006. Otra vez parecía que se encendía la luz... pero la apagó el gobernador Solá, que de un plumazo dio de baja tal anexo mediante el decreto 2820/06. Otra vez a esperar...

La Nación intervino después, y si bien la operatoria siempre se canalizó a través del gobierno provincial, se decidió otorgarle facultades a la Municipalidad para que se encargara de la licitación, cosa que se hizo en 2009, cuando el entonces intendente Norberto Aloé firmó el decreto de la convocatoria. Claro que algo no salió bien, porque la empresa ganadora, Balsas Hermanos (la misma que hizo el nuevo puente Hardoy y el barrio "20 de Octubre"), terminó demostrando que no tenía la capacidad financiera necesaria para encarar una obra que, sin ser de gran envergadura, le resultó demasiado pesada.

Hubo que revocar la adjudicación, lo cual significó más tiempo... hasta que llegó Alquimac, esta sí una empresa de reconocida solvencia, que se puso a trabajar con la intención de terminar los famosos dieciséis kilómetros en el menor tiempo posible.

Esta vez parece que sí se terminará la ruta... aunque sobre su futuro sobrevuelan varios fantasmas, entre ellos el de la grave crisis que afronta la economía internacional (que indudablemente afecta a la Argentina, aunque no en la medida de lo que sufren otros países), y también los problemas económicos y financieros de la Provincia de Buenos Aires.

Sin ignorar tales inconvenientes, es necesario que se haga el esfuerzo necesario para que la obra se termine. Es verdad que esta ruta atraviesa una zona que, aún de gran significado productivo, tiene casi nula importancia electoral. Seguramente esa realidad ha contribuido con las sucesivas postergaciones. Pero está claro que cada vez que los trabajos se detuvieron, el clima y el tránsito hicieron lo suyo para destruir lo hecho, de manera que cada reinicio fue prácticamente desde cero. No puede permitirse que, a tan poco del final, vuelva a suceder lo mismo...

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