Reparación de rutas: pequeñas diferencias que pueden significar... tragedia

Hay cosas en las que todos coincidimos; pero otras admiten multiplicidad de miradas, y dentro de esa diversidad, están las que merecerían mayor atención pero no la tienen.

La necesidad de reparar la red vial nacional es algo sobre lo que no se discute. La virtual desaparición del ferrocarril, sumada a una década en que el país creció a "tasas chinas", provocaron un incremento sustancial en la producción y también el colapso de carreteras y autopistas. Así fue como la cantidad de accidentes creció de manera exponencial, ayudada por el deterioro incesante de toda la infraestructura vinculada al transporte terrestre.

Hasta aquí, indudables coincidencias. Nadie se manifestaría contrario a que se reparen las rutas. Ahora bien: cómo se reparan es una cuestión de aquellas que merecerían mayor atención, dado que los lapsos que insumen los trabajos no son cortos, y si no se actúa de manera racional, los perjuicios pueden ser muy grandes, llegando inclusive a la pérdida de vidas.

Poner un ejemplo de esto es sumamente sencillo: tenemos un caso paradigmático, la ruta 31. Obsérvense los tiempos: la licitación para la repavimentación fue lanzada a principios de 2009, y el acto de apertura de sobres se realizó el 17 de junio de ese año. Hace pocos días se cumplió el tercer aniversario.

En diciembre de 2009 ocurrió el accidente donde murió la familia Pomar, y eso precipitó los acontecimientos: la presión mediática obligó a prestar atención nuevamente a una obra que, evidentemente, siempre estuvo destinada a no concretarse.

En mayo de 2010 la citada presión hizo que autoridades provinciales y de Vialidad "bajaran" a la región y se declarara iniciada la obra. Hoy estamos a veintiséis meses de comenzado un trabajo cuyo plazo era de dieciocho... y falta cerca de la mitad, incluyendo pavimento, señalización horizontal y vertical, y detalles complementarios.

COMO SE HACE Y COMO DEBERIA HACERSE

Habiendo quedado claro que los tiempos que insumen estas obras son significativamente superiores a los previstos, es necesario fijar la atención sobre ciertos asuntos que parecen meros detalles menores... hasta que se convierten en causa de pérdida de vidas.

Uno de ellos es la seguridad, en una ruta como la 31, que ya era intransitable y debería haber sido clausurada antes de que comenzara la obra... y con mucha más razón ahora, que no se toma precaución ninguna.

Hay una comparación sencilla para hacer: la 31 llega hasta la ruta nacional N° 7, que también está siendo repavimentada por estos días. Pero están esos detalles que "marcan la diferencia". En la 7, los lugares en los que se trabaja están identificados con carteles que advierten sobre una "señalización horizontal provisoria"; allí donde el "raspado" eliminó la pintura hay demarcación con balizas reflectantes clavadas en el centro y los bordes de la calzada, blancas en las rectas y amarillas en las curvas. Y también se previene al automovilista cuando existen desniveles entre ambas manos, en una misma mano (como en el límite de un sector ya repavimentado con otro "raspado"), o banquinas descalzadas.

Nada de esto existe en la 31. Debe tenerse en cuenta que hay tránsito en días de buen tiempo, pero también por la noche, e inclusive con lluvia o con niebla. Las transiciones entre segmentos ya repavimentados con otros que aún no lo están "aparecen" entonces de improviso, lo mismo que los desniveles entre manos, y todo eso sin contar el estado de destrucción total que presentan varios tramos de ruta luego de otros relativamente lisos.

Esta situación caótica, sumada a la inexistencia absoluta de "señalización provisoria", convierte a la ruta 31, que desde hace muchos años es una trampa mortal, en un lugar más peligroso aún.

Hay un sabio slogan que dice: "si se puede prevenir, no es accidente". Y la ruta 31 es un lugar más que propicio para que ocurran desastres de todo tipo; desde aquellos que sólo producen daños en los vehículos, hasta los que provocan pérdida de vidas. Por ello, la mayoría de los que sucedan no serán "accidentes" sino consecuencia lógica de la desidia, de la falta de medidas evidentemente necesarias de prevención. Quienes deberían tomarlas no las toman; y los encargados de controlar, no controlan.

Sería bueno, entonces, que quien corresponda tomara la decisión y se adoptaran medidas eficaces para hacer más seguro el tránsito por esta autovía tan importante. Una vez que la muerte se hizo presente, establecer las responsabilidades penales y políticas que pudieran existir no resucitará a nadie, más allá de ser justo y necesario. La idea, en la que volveremos a coincidir todos, es que no haya muertos. Pero las condiciones están dadas hoy precisamente para todo lo contrario...

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