¿Qué le pasa a nuestros jóvenes?

No veo esperanza para el futuro de nuestra gente si depende de la frívola juventud de hoy en día, pues ciertamente todos los jóvenes son salvajes, más allá de las palabras. Cuando yo era joven, nos enseñaban a ser discretos y a respetar a los mayores, pero los jóvenes actuales son excesivamente ofensivos e impacientes a las restricciones.

¿Qué le pasa a nuestros jóvenes? No respetan a sus mayores, desobedecen a sus padres, ignoran las leyes, hacen disturbios en las calles, inflamados con pensamientos salvajes... Su moralidad decae. ¿Qué será de ellos?

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Hay cosas que a algunos les parecen nuevas, pero que en realidad son tan viejas como la humanidad. La frase del primer párrafo fue dicha por Hesíodo, allá por el año 700 aC (para redondear). La del segundo sí, es más actual: pertenece a Platón.

¿Qué tiene en común aquella visión de los griegos antiguos con la de los rojenses actuales? Mucho, aunque la coincidencia seguramente podría ser ampliada a todos los pueblos y épocas. La madurez trae consigo el conservadurismo, mientras que la juventud es toda curiosidad, energía y ansias de cambio.

¿Es malo eso? No, para nada; por el contrario, es gracias a esa pulsión que la humanidad ha progresado, más allá de que nos gusten o no los caminos recorridos.

Claro que, entonces, es inevitable el conflicto: los ex jóvenes revoltosos, ahora maduros, se molestan con la insolencia juvenil, tal como tan bien lo expresaran Hesíodo y Platón; mientras, la juventud sufre la resistencia interpuesta por los "viejos" a los cambios que ven (y son) necesarios.

Para nuestra sociedad, la rojense, y para muchos más argentinos, un joven es sinónimo de peligro. Por muy variadas causas que exceden el marco de análisis de esta nota, se los asocia a todo tipo de flagelos: el alcoholismo, la adicción a las drogas, el delito, el desprecio por la vida propia y ajena a bordo de motos y cuatriciclos, la violencia... y la lista podría seguir hasta el infinito.

Pero los jóvenes, tozudos como corresponde, y probablemente sin sospechar cuál es el fondo teórico de toda esta cuestión, se empeñan en contradecirlos destacándose en el deporte, en el arte, en la ciencia, y hasta en los ámbitos propios de la política y la economía.

Esta nota fue inspirada por muchos de esos jóvenes de Rojas que por estos días están participando de las actividades de las ferias de ciencias. Son centenares de chicos y chicas que investigan, arman aparatitos, escriben, hacen gráficos, programan computadoras, construyen máquinas... y algunos seguramente lograrán, como muchos otros de nuestra ciudad ya lo han hecho, trascender a otros niveles y ser reconocidos más allá de las fronteras de nuestro pago chico. No son "entretenimientos" vanos: de este tipo de experiencias nació, por ejemplo, la vacuna contra el mal de los rastrojos...

Sin embargo, no por eso dejarán los jóvenes de ser percibidos como un peligro potencial. Para colmo, hay un detalle que sí diferencia al rojense de casi todo el resto de la humanidad: en este pueblo no se percibe que el joven también es un ser humano y tiene necesidades de desarrollo personal. Rojas es entendido como un lugar en el que los chicos deben transcurrir su infancia y adolescencia lo más insípidamente posible, entretenidos con nimiedades si hace falta, a fin de que logren llegar relativamente ilesos y sin causas judiciales a los dieciocho años, momento de emigrar para empezar (recién ahí) a construirse una vida en otra parte.

A ese objetivo contribuye el alcohol, cuyo consumo por parte de los jóvenes es tolerado, cuando no promovido por los adultos. Se sabe que esta sustancia, más allá de que alguno pueda verla como estimulante y causa de violencia, en realidad es un fuerte depresivo, funcional a la necesidad de que el pibe no haga ruido a la hora de la siesta hasta que llegue el día (¡por fin!) de su partida. Rojas anestesiaría a sus jóvenes, si pudiera.

Por suerte quedan quienes advierten que lo que la juventud necesita no es vigilancia ni castigo, sino que les abran las puertas para poder desarrollar sus habilidades y gustos. La curiosidad, motor del progreso de la humanidad, es un atributo natural que no se ha perdido, y si no se expresa positivamente no es por decadencia de la especie, sino porque fue pisoteada por quienes deberían haberla estimulado.

Esta es, entonces, una convocatoria pública a abrirle puertas a la juventud. Por ellas, que nadie tenga dudas, entrarán los chicos y las chicas al mundo que se merecen hoy, para que el de mañana sea mejor. Siempre será esta una actitud más saludable y positiva que dejarlas cerradas, para acusarlos luego de vándalos y violentos cuando las rompan.

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"Yo no creo que sea un problema que a los chicos no les interese lo que les enseñan en el colegio, porque si yo estuviera en el lugar de ellos sentiría lo mismo. Más aún: creo que es sano que se defiendan de esa forma: aburriéndose." (Adrián Paenza).

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