Con un basural o con dos, el problema sigue sin solución

De una manera extraña retornó a la conciencia popular uno de los problemas graves que existen en la mayoría de los distritos bonaerenses: la disposición final de los residuos sólidos urbanos.

Ocurrió que al propietario de un terreno bajo ubicado sobre ruta 188, en proximidades del río, se le ocurrió que podía rellenar el predio con basura. Puso un cartel, difundió la idea, y en poco tiempo el lugar se fue convirtiendo en un segundo basural a cielo abierto (aunque nunca llegó a competir, en cantidad y superficie afectada, con el que habitualmente usamos los rojenses).

Esta actitud fue de una gran irresponsabilidad, e increíblemente fue permitida durante un cierto tiempo en el que, inclusive, la propia Municipalidad habría arrojado desperdicios en momentos en que el mal tiempo no permitía el acceso de vehículos al basural de siempre.

Habida cuenta de que la intención del propietario del lote fue "rellenarlo" para elevar su nivel, en algunos foros llegó a hablarse de "relleno sanitario", lo cual es otra inexactitud: ese mecanismo de disposición de residuos exige una construcción especial, que consiste en una excavación recubierta por una gruesa capa sintética que aísla la basura de las napas. Así, el denominado "líquido lixiviado" no llega al suelo; permanece contenido sobre la membrana, y es expelido hacia la atmósfera en estado gaseoso.

La vida de este segundo basural fue efímera. Pero más allá de disquisiciones, la realidad es que la basura de Rojas sigue siendo arrojada directamente sobre la tierra, y que los líquidos lixiviados viajan sin oposición hasta las napas, contaminando a placer. Que haya uno o dos no cambia el fondo de la situación.

Está claro que este sistema de disposición de los residuos es tremendamente contaminante, y que no depende de la proximidad (o no) al río. Hay cuestiones estéticas a tener en cuenta, pero las napas existen debajo de toda la superficie rojense, y son contaminadas siempre que se arroja basura, cualquiera sea el lugar elegido.

A esta altura cabe considerar que no se habla de un problema que pueda ser resuelto íntegramente por la Municipalidad. Es verdad que podrían realizarse campañas para concientizar sobre la necesidad de clasificar los residuos según su tipo, y también emprender alguna clase de reciclado y reutilización de materiales, destinando los orgánicos a abono, y los sintéticos a la fabricación de distintos productos. Pero la realidad indica que aun en el mejor de los casos, siempre queda un remanente para cuya disposición final es necesario un verdadero relleno sanitario, construido como corresponde.

Rojas ya discutió estos temas hace seis o siete años, cuando surgió la posibilidad de instalar un relleno sanitario de grandes dimensiones, en el que se arrojaría parte de la basura generada en el área metropolitana, y también la propia de nuestro distrito y la de los vecinos. La iniciativa no cuajó, y los basurales a cielo abierto siguen existiendo y contaminando.

Por supuesto que la propuesta no es reflotar aquella idea, ni mucho menos; pero sí encontrar una solución regional, construyendo un relleno sanitario que, al recibir residuos de varios distritos, se conviertiera en una alternativa económicamente viable. Y esto sólo puede ser encarado por el Estado Provincial, ya que la magnitud del emprendimiento excedería con creces las posibilidades de un solo municipio.

Tanto Rojas como otras ciudades de la zona han tenido sus experiencias clasificatorias de basura. También han visto concretarse iniciativas de organización de la gente que trabaja en los basurales, a través de la creación de cooperativas promovidas por el Banco Credicoop con recursos y asesoramiento del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos. La reglamentación vigente estableció plazos para la erradicación de los basurales, y las gestiones fueron realizadas. Sin embargo, las concreciones de fondo no llegan, y los basurales a cielo abierto continúan envenenando suelos y aguas.

Probablemente no tenga sentido hablar de "emergencia" cuando de un problema de toda la vida se trata; pero es evidente la necesidad de que estos problemas sean solucionados con la mayor premura posible, a fin de terminar con toda una serie de inconvenientes que van desde la contaminación hasta el trabajo insalubre, la proliferación de plagas peligrosas, y la transmisión de enfermedades absolutamente evitables.

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