La realidad de una institución no es sólo un resultado...

En esta época donde todo pasa con extrema velocidad, se cree que todo lo que sucede es lo que se vive en cada segundo y no quedan más cosas por venir, el deporte no escapa a esta locura colectiva donde la pasión se confunde con el descontrol, el amor por una camiseta con la agresión y un mal resultado con el fin de los tiempos.

En nuestro medio, donde el profesionalismo queda bastante lejos y el deporte se practica a manera de actividad semi amateur, porque también es cierto que se paga algo a quienes lo practican en los niveles más altos, esa locura por los resultados no debe nublar la vista de los dirigentes y tender una manto de bruma en la búsqueda de los objetivos principales de las instituciones.


Lo social, traducido en contención a la par de la enseñanza de distintas disciplinas, debe ser prioritario para cumplir con esa premisa de meter a niños, jóvenes y adultos en un club para alejarlos al menos durante un rato de los flagelos, porque también es innegable que cuando se vuelve a salir a la calle, las amenazas recaen sobre cualquier miembro de nuestra sociedad. Y allí entran en juego otros actores como la escuela y la familia, que deben ser junto a las entidades deportivas -o culturales- las encargadas de ir formando a los pibes en una vida sana y alejada de lo que puede dañar el cuerpo y el alma.

En Rojas un resultado deportivo no significa ponerle la bandera de remate a un club porque los pocos recursos con que cuentan la mayoría de las entidades, surgen de aportes de algunos simpatizantes que quieren armar un buen equipo, y otra parte de recursos propios que generalmente no son de un volumen que pueda poner el riesgo el futuro de la institución.

Por ello, más allá de la alegría o tristeza que pueden significar una victoria o derrota, no deberíamos dejar llevarnos por esas emociones momentáneas, entendibles porque todo hincha quiere ver triunfante a su equipo pero que no deben salirse de cauce ya que no son los episodios que determinan el éxito o fracaso del todo, son únicamente algo que ocurre en una determinada categoría, un pedazo de una historia que se escribe en varios capítulos.

No estamos diciendo que da lo mismo ganar que perder; sí que cuando los momentos son buenos no siempre quiere decir que todo está bien, o que cuando llegan las amarguras deportivas una entidad se está cayendo a pedazos.

En nuestro medio, sea en la ciudad cabecera como en las localidades, las asociaciones deportivas hacen todo lo posible para ir creciendo y eso se nota en mejoras en la infraestructura, en la contratación de cada vez mayor cantidad de profesionales, en la búsqueda de ofrecer a sus jugadores, asociados y simpatizantes mejores comodidades y condiciones para que se sientan identificados con una determinada divisa y para que cada día la quieren un poco más.

Por eso decimos que no todo es un resultado, un domingo de gloria o desazón. En cualquier estado, de euforia o amargura, un buen ejercicio sería enfriar la cabeza un momento y repasar lo que cada uno encuentra en su institución. Pensar que cientos de personas practican deportes, que cada uno pone todo lo que tiene para su gente y que la vida de cada institución no pasa exclusivamente por el partido del domingo, es un buen ejercicio mental para comprender que la existencia de una institución va más allá de lo que sucede en lo que es, solamente, un rato de competencia...

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