Que sea una fiesta...

El deporte rojense se apresta a vivir uno de sus mejores momentos de la temporada: las finales del torneo Oficial de la Liga de Fútbol de Rojas, la máxima cita que arrojará en dos -o cuatro- semanas el nombre del nuevo campeón, un halago que los aficionados disfrutan de una manera muy especial y que no se compara con nada, ni siquiera con logros que se pudieran conseguir en competencias de otras características.

La idiosincrasia de nuestra gente hace que, aún cuando el rótulo de certamen regional sea más grandilocuente, no logre la misma adhesión en cuanto a la preferencia. Se pudo comprobar no hace mucho cuando El Huracán consiguió el campeonato local y después el que en ese momento era 4 Ligas, que fue algo valiosísimo para la institución y para nuestra ciudad, pero el fervor que despertó no fue de la misma magnitud que el vivido a mediados de año cuando los “players” huracanenses habían dado la vuelta olímpica tras ganar el título rojense.

Remitiéndonos a las estadísticas, debe destacarse que el club de Barrio Belgrano estará en su quinta final de los últimos seis campeonatos locales y que para Newbery será la tercera consecutiva, que El Huracán ganó tres en ese lapso (curiosamente en años impares: 2007, 2009 y 2011) y que los rojinegros obtuvieron el de 2010, que los aurinegros se han impuesto en los últimos dos grandes choques entre sí (2007 por penales y 2011 con empate y victoria), pero son números que a la hora de salir a la cancha no van más allá de eso y quedan en el olvido cuando la pelota entra a rodar.

El Huracán ha generado una camada de jugadores que unieron su talento para formar un grupo netamente ganador que vuelve a estar en la lucha por otro campeonato, y Newbery ha ido subiendo la cuesta, pasando de un quinto lugar en la clasificación a la resurrección que lo llevó a la final, con el plus de haber dejado en el camino al rival de siempre, Argentino, lo cual seguramente genera un plus en el ánimo de la escuadra de Barrio Progreso.

Haciendo pronósticos despojados del amor por alguna de esas camisetas, quizás un mayor porcentaje se inclinaría por darle más chances al “Globo”, por todo lo expuesto, pero se sabe que cuando se trata de finales, generalmente los análisis son habitualmente refutados por la realidad, y basta como ejemplo lo sucedido hace un par de años, cuando el último casi le arrebata el título al primero.

Lo mejor de todo será vivir una fiesta, que nuestro fútbol casero ratifique su condición de apasionado en el buen sentido de la palabra, con palabrotas, reclamos y gritos que no van más allá de eso, ya que rara vez se han visto por estos pagos episodios de violencia, de esos que terminan empañando lo que debe ser sólo una justa deportiva.

Estadios que estarán muy llenos serán seguramente el marco para estas dos primeras finales, que pueden ser las únicas si se impone El Huracán o tendrán continuidad en otros dos enfrentamientos si gana Newbery.

El resultado cuenta, y mucho, porque en definitiva lo que buscará cada futbolista, dirigente o simpatizante será ganar y dar rienda suelta la alegría. Pero más trascendente aún es mostrarle a la región que se pueden jugar partidos importantes sin problemas detrás del alambrado, sin disturbios ni episodios para lamentar.

Y eso nuestra gente, sin dudas, puede hacerlo.

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