Terraplén de la vía: es imprescindible eliminarlo, pero sin reemplazarlo por un obstáculo nuevo

La eliminación del terraplén de la vía que corre paralelo a la avenida Bicentenario - San Martín, viejo proyecto nunca concretado, es una necesidad imperiosa para Rojas; una obra que provocaría una verdadera revolución urbana al comunicar con el resto de la ciudad a sus dos barrios más populosos (Progreso y La Loma), recuperando a la vez una superficie significativa, hoy desaprovechada. Pero está claro que esto no depende únicamente de la desaparición del obstáculo sino de lo que se haga con el espacio: si sólo se tratara de reemplazar una barrera arquitectónica por otra, estaríamos desperdiciando una oportunidad histórica.

Está claro que eliminar barreras arquitectónicas (como el terraplén) es un objetivo perseguido en todas las ciudades del mundo como señal de progreso, mientras que su construcción o conservación marcha en sentido contrario. Como ejemplo de esto último, basta y sobra con mencionar el muro que el gobierno de los Estados Unidos erigió en la frontera con México en la década de los '90.

Esta posibilidad de vinculación de barrios periféricos al centro de la ciudad tendría, además, una ventaja extra: la posibilidad de avanzar hacia la recuperación del ferrocarril. Es sabido que se planea construir, en ruta 188 y Bicentenario, una nueva terminal de ómnibus; pero si esta obra incluyera andenes, cuya incorporación al proyecto original no sería demasiado costosa, estaríamos hablando de una estación ferrovial, apta tanto para la llegada de colectivos como de trenes. Así, las viejas instalaciones ferroviarias podrían continuar ocupadas por la oficina de Aduana, la Secretaría Municipal de Desarrollo Social y el grupo La Minga, y a la vez, el tren podría volver a funcionar.

La realidad es que nadie podría oponerse con argumentos convincentes a la necesidad de desprendernos de ese obstáculo que, cabe aclararlo, fue construido cuando los barrios no estaban urbanizados. Pero como todo, esto puede hacerse bien o mal, con lo que los resultados tanto pueden ser beneficiosos como no serlo.

La palabra clave es "urbanizar". Allanado el terreno, es menester abrir calles que comuniquen a las del centro con las de los barrios; pavimentar; iluminar; lotear; construir viviendas, comercios, edificios públicos, lo que sea. Por el contrario, lo que no hay que hacer es seguir desaprovechando el espacio y manteniendo el obstáculo, que es lo que ocurriría si, tal como se sugirió en algunos ámbitos, el proyecto es tan mezquino como el de "ampliar la Pista de la Salud".

Por supuesto que nadie pretende que esto se haga en un abrir y cerrar de ojos. Un proyecto estratégico para Rojas necesariamente llevará un tiempo que no se condice con las urgencias nacidas de que el año que viene hay elecciones.

Es por eso que esperamos que quienes ocupan los lugares donde se toman las decisiones, no se equivoquen. Es sabido que el Estado no está en las mejores condiciones económicas, y que la Municipalidad, que es parte de esa estructura, tampoco lo está. Por ello, no es justo ni lógico exigir concreciones inmediatas.

La eliminación del terraplén debe darse en el marco de un proyecto urbanístico que signifique en los hechos la construcción de "más ciudad". Y para ello habrá que tomarse el tiempo que sea necesario. Si las urgencias por "mostrar hechos" hacen que se malogre esta iniciativa, y que aún eliminado el terraplén, permanezca el obstáculo y nada se urbanice, entonces habremos perdido otro tren. Una mancha más al tigre... dirán algunos escépticos. Pero quienes queremos el progreso de la ciudad, hacemos votos para que esta oportunidad histórica no sea desaprovechada.

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