Cómo avanzar cuando el pensamiento marcha entre lomos de burro: la necesidad de un plan estratégico

Más allá de las discusiones que pudiera haber sobre la (in)utilidad de los lomos de burro que inexplicablemente aún siguen apareciendo en calles, avenidas y rutas de nuestro país, es necesario aclarar de entrada que, a los efectos de esta nota, no son más que una metáfora, muy útil para comprender otras cosas.

El lomo de burro es un obstáculo que un pueblo coloca para dificultarse las cosas a sí mismo, y su significado puede ser extrapolado para entender otras cuestiones. Cuando el pensamiento funciona de determinada manera, lo hace así para todo. La mentalidad que diseña una ondulación en una porción de terreno que, destinada al tránsito de vehiculos, debería ser lo más plana posible, es la misma que decide destinar a inversiones improductivas (como las inmobiliarias) los recursos que deberían servir para el desarrollo. También es la que, puesta a educar a las generaciones más jóvenes, considera que un niño o adolescente es un individuo que debe ser entretenido con nimiedades hasta tanto tenga la edad adecuada para irse a iniciar su vida en otra parte.

Pero el lomo de burro es mucho más que eso: es también una decisión mentirosa, porque tras el pretexto (falaz) de reducir la velocidad de los vehículos para evitar accidentes, se los coloca en lugares donde las estadísticas indican que jamás hubo siniestro alguno en los últimos doscientos años. Las verdaderas razones suelen estar lejos de la preocupación por cuestiones viales, y mucho más cerca de pretensiones tales como continuar con la vieja costumbre pueblerina de que los chicos jueguen a la pelota en la calle (algo imposible en un país que libera a la circulación 700.000 autos por año), o bien evitar que el tránsito "levante tierra" que después hay que repasar de la superficie de los muebles.

Ese pueblo que se miente a sí mismo sobre los lomos de burro, también lo hace con otras cuestiones: frases como "es imposible", "acá no se puede", "Rojas es un pueblo chico", y muchas otras que se escuchan a diario, indican que el mayor obstáculo para el despegue de la ciudad (y su ingreso a la carrera del desarrollo que han iniciado con mayor o menor éxito los distritos vecinos) no está afuera, sino en el propio interior de cada una de nuestras cabezas.

La elaboración de un plan estratégico es, entonces, un imperativo mucho mayor aquí que en otras ciudades que, aún sin él, han entendido el fondo de la cuestión y trabajan con la mirada puesta en el futuro.

La Universidad Tecnológica Nacional ha firmado un convenio con el gobierno municipal para iniciar tareas en pos de ese plan estratégico que Rojas necesita como el aire, y es posible que en unos pocos días más haya novedades sobre su implementación. Pero debe quedar muy claro que esto excede ampliamente cualquier iniciativa de gobierno, y que su éxito no dependerá de la voluntad de los funcionarios sino del compromiso de todos y cada uno de los ciudadanos.

Rojas puede llegar a ser la perla del norte bonaerense. También puede desaparecer dentro de unos pocos años. No se puede hoy predecir cuál será su destino. Una sola cosa es segura: no continuará siendo lo que es, porque aquello que no crece, se muere. Los que preferimos que crezca estaremos empujando decididamente la construcción de ese plan estratégico tan necesario. Su aporte, el suyo... sí, el de usted, que está leyendo esta nota... también es imprescindible.

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