Cultura: Un gobierno municipal que corre detrás de los acontecimientos

Rojas es un distrito extraño desde muchos puntos de vista; y el cultural, o mejor todavía, el artístico, es uno de los atípicos. Esto permite a toda administración municipal actuar con mucha creatividad, debido a que existe campo fértil para cualquier iniciativa; pero a la vez es un gran desafío no siempre fácil de sortear.

No son muchos los pueblos de veintitrés mil habitantes (contando a las localidades) que pueden vanagloriarse de tener seis agrupaciones corales en pleno funcionamiento; un teatro consolidado y con el edificio más antiguo de la provincia; grupos teatrales independientes; centros culturales como "La minga" o los de las localidades; y, en el seno de una comunidad que evidentemente alimenta tales actividades, emprendimientos sectoriales de trascendencia nacional como la Feria del Libro, el Festival Folclórico de Carabelas o la Fiesta de la Galleta de Rafael Obligado.

Se señaló que esto representa un gran desafío para cualquier gobierno municipal, porque las alternativas son dos: o bien se plantean ideas muy claras, y se ponen en manos de gente con gran capacidad de gestión, o se termina "corriendo detrás" de las iniciativas nacidas del seno de las organizaciones ya citadas. Los gobiernos de los dos signos políticos que hubo desde la recuperación de la democracia hasta diciembre último lograron encontrar funcionarios capaces de, en medio de la "ebullición cultural" provocada por instituciones con décadas de experiencia, implementar políticas propias. La administración actual aún no lo ha conseguido.

Las políticas culturales implementadas por el radicalismo y el peronismo en los últimos veinte años tienen nombres y apellidos. En el primer caso, pasaron por esa área municipal Jorge Goicochea y Jorge Geijo, dos funcionarios que, aún no coincidiendo en todas las visiones, apuntaron principalmente a traer a Rojas expresiones artísticas de alto nivel, que sirvieran como "espejo" para que se miraran los creadores e intérpretes locales.

Establecido ya el gobierno peronista, quien se ocupó de lo cultural fue Eduardo Forese. Con una mirada casi opuesta a la del radicalismo, se ocupó de promover y fortalecer la actividad local, y de integrarla con otras similares de la región.

La ciudad dejó así de recibir visitas a las que muchos se habían acostumbrado, tales como las del Cuarteto Almerares, Opus Cuatro o el mismísimo Ernesto Sabato (que llegó junto a Eduardo Falú para interpretar el "Romance de la muerte de Juan Lavalle"), pero en cambio, cualquier grupo, cantante solista, o cuerpo de baile que quisiera armar un espectáculo, tenia el apoyo municipal. Aunque más no fuera, las luces y el sonido.

Paralelamente, la recomposición económica del país permitía a las instituciones vinculadas con lo cultural empezar a pensar en grande, y así fue como el TAFS comenzó a realizar sus muestras nacionales con espectáculos de primerísimo nivel, o bien la Agrupación Coral pudo festejar su cincuentenario cantando nada menos que con la Camerata Bariloche. Todo con apoyo municipal, pero sin que esto se constituyera en lo esencial de las políticas culturales públicas.

El gobierno municipal actual no ha mostrado hasta el momento contar con alguien capaz de sentarse en el sillón de Goicochea, Geijo y Forese. Se ha limitado, más allá de idas, vueltas y recambio de funcionarios, a "correr detrás" de iniciativas ajenas. Su propuesta propia se ha reducido a la organización de algunas austeras fiestas (algunas de las cuales ya estaban organizadas, como la del Deporte y la Cultura), y sigue sufriendo la carencia de alguien con la visión y la capacidad de gestión adecuadas para la función. Es verdad que han transcurrido apenas cinco meses desde su asunción, y que es probable que este tema esté en la agenda del intendente Martín Caso, con vistas a que se solucione más temprano que tarde. Ojalá así suceda.

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