De por qué la educación no sólo no es un gasto sino, además, es una decisión inteligente

Por estos días recrudecieron en nuestra ciudad los debates en torno de la educación. Vale la aclaración de que para esta nota, "educación" se refiere al concepto amplio de la palabra (esto es, la totalidad de los ámbitos y procesos en los que se conforma el intelecto de las personas), y no exclusivamente a la "educación formal", que es la que imparte la institución "escuela" con una incidencia relativamente menor en el resultado final.

Las discusiones se generaron a partir de un hecho desafortunado, una amenaza de la que resultaron víctima dos docentes de la escuela "Nicolás Avellaneda". Actitud repudiable, sin ninguna duda, la del padre de dos alumnas que así se condujo; pero esto provocó una respuesta, el "abrazo" al establecimiento de parte de la comunidad educativa. Mucho de lo que allí se dijo resultaría luego sumamente revelador...

Quien esto escribe tuvo oportunidad de conversar, años atrás, con Juan Antonio Rodriguez, conocido abogado y además director, desde su fundación, del Coro de Jóvenes de la Agrupación Coral de Rojas. El músico y profesional destacaba que su función al frente del grupo juvenil no se restringe a lo puramente musical, sino que trasciende el arte para convertirse en un camino de aprendizaje para la vida. "Yo no estaría acá si se tratara únicamente de que los chicos aprendieran a cantar; la intención es que vayan incorporando valores, a través de vivencias enriquecedoras, y que eso les sirva para el futuro", decía Rodríguez.

Puntos de vista similares pueden encontrarse en muchos directivos de clubes locales, e inclusive de entrenadores, que tienen muy claro que la presencia de los chicos en las canchas no obedece exclusivamente a satisfacer las ganas de practicar un deporte. Sin citar a ninguno en particular, porque es obvio que esta opinión es compartida por la mayoría de ellos, puede decirse que también el club es un lugar de "educación para la vida", y no del simple entrenamiento para un juego, o para el desarrollo físico personal. Es común escuchar la frase "sacar a los pibes de la calle", con lo cual ponen en práctica, sin declamarlo, el concepto de "inclusión".

Estas visiones son habituales en muchísimos ámbitos, y es por eso que resulta más que extraño que justamente en los espacios dedicados específicamente a la educación, la formal, las cosas no estén tan claras. En lo discursivo coincidimos todos, claro; pero en la práctica...

La "movilización educativa" de la que se hablaba más arriba fue rica en expresiones, y muchas de ellas apuntaron a lo contrario de lo que, según se ha dicho, está en el entendimiento de muchos actores sociales que no son docentes.

Manifestaciones tales como "pretenden incluir para que los índices les den lindo, y después ocurren estas cosas"; o bien "dejar que cualquiera esté en la escuela no es inclusión, es exclusión porque los que realmente quieren estudiar tampoco pueden hacerlo", son una clara y lamentable muestra de que quienes menos entienden de qué se trata, son los que mejor deberían hacerlo. O muchos de ellos, a fuer de ser justos con quienes ven las cosas más claramente.

Hace muchísimos años dijo un filosofo griego, Aristóteles, que "la única verdad es la realidad". Y la realidad, la "real", es lo que verdaderamente ocurre, y no lo que a uno le gustaría que ocurriera.

Hablando específicamente de educación, la realidad muestra que un joven excluido de los ámbitos educativos (lo merezca o no), terminará siendo educado en una cárcel. Allí aprenderá a robar, a lucrar con todo tipo de actividades ilícitas, y adquirirá las herramientas y los contactos necesarios para dedicarse con éxito al delito cuando vuelva a quedar en libertad.

Un día, cualquiera de los padres y docentes autores de las frases antedichas podría llegar a ser la víctima de ese delito. Muy probablemente, estará convencido de que tal cosa ocurrió porque faltan patrulleros y cámaras de seguridad...

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