¿Por qué el Concejo Deliberante necesita pagar para que se difunda lo que hace?

Uno de los temas sobre los que se habló en los últimos días es la decisión del Concejo Deliberante de pagarle dos mil pesos mensuales a Cablevisión para que difunda, en diferido, las sesiones completas. Claro que a priori podría pensarse que el cuerpo deliberativo está en todo su derecho de difundir su labor a través del medio que le parezca (aún privilegiando a una empresa foránea frente a nuestra cooperativa, cuyo canal de TV es una realidad en ciernes). Esto es realmente así... pero ojalá las cosas fueran tan sencillas...

Lo primero que cabría preguntarse (todo en potencial) es por qué, si la tarea deliberativa es de tan evidente interés público, la totalidad de los medios (escritos, orales, televisivos y digitales) no difunde por propia decisión, y gratuitamente, lo que ocurre en el recinto de barrio Brown dos veces al mes. Está muy claro que el pueblo tiene derecho a saber en qué andan sus representantes, y también interés por conocer aquella normativa que el cuerpo genera y todos deberemos cumplir.

Empezar a responder implica necesariamente abordar una cuestión técnica: el periodismo está clasificado en diferentes especialidades; y así como está el deportivo, el que se ocupa de temas científicos, o el dedicado a la crítica artística, hay una especialidad denominada "periodismo parlamentario" que es el que se orienta, como puede deducirse, a construir noticias a partir de lo que sucede en los órganos deliberativos.

Claro que tales noticias no escapan a las generales de la ley, y necesitan que aparezcan los "factores noticiables", esto es, aquellos elementos que atraerán el interés de los lectores, radioescuchas o televidentes, cumpliendo así con las exigencias técnicas de la comunicación, que no está exenta de reglas bastante estrictas.

Es sabido que la mayoría, si no todos los medios locales, se ocupan en la medida de lo posible de lo que ocurre en el HCD, y sin cobrar un peso. Pero también hay que considerar, atendiendo a lo antedicho, que la construcción de la noticia exige materia prima, y esta es nada menos que aquello capaz de convertirse en objeto del interés público. Aquí aparece una segunda pregunta: ¿Cómo podría no interesar un mecanismo generador de normas que todos deberemos respetar? Para responder, es necesario empezar a analizar...

...¿QUE HACE EL CONCEJO DELIBERANTE?

Cuando el HCD se convierte en escenario de debates trascendentes para la comunidad, los medios responden, como se ha dicho, difundiendo sin cobrar. Pero esto ocurre muy raras veces, y en general, no por iniciativa del Concejo sino por situaciones generadas en otros ámbitos. El resto del tiempo, desde hace ya demasiados años, el Deliberativo cumple funciones que no le son propias, distorsionando aquellos fines para los que fue creado, y transformándose en vocero de las políticas partidarias antes que en receptor y orientador de la marcha de los asuntos públicos de la ciudad.

Digámoslo nuevamente: El Concejo Deliberante se ha convertido hace ya mucho tiempo en escenario donde se libra la pelea política, reemplazando a los partidos y desnaturalizando su función. Son los partidos los que deberían ocuparse (en caso de que tal cosa fuera necesaria) de la mirada política sobre las cosas, e inclusive de la chicana y de la crítica intencionada. Pero esto se ha trasladado al Concejo, y es por eso que mientras el tiempo se pasa entre estériles pedidos de informes que llegan a los medios antes que al intendente, y debates infructuosos sobre publicaciones periodísticas o dichos de funcionarios y concejales, no aparecen los hechos, aquello que a la comunidad le interesaría infinitamente más que las riñas de gallos de juguete.

Es verdad que existen concejales que combinan capacidad con honestidad y vocación de servicio. Pero no es menos cierto que no encuentran un ámbito propicio para el desarrollo de sus ideas, en un recinto contaminado por los intereses partidarios, menores, dirigidos a impedir antes que a construir.

Rojas necesita como el aire de políticas audaces, innovadoras, eficaces, para despegar de una vez por todas y lanzarse hacia el futuro. El Concejo Deliberante debería asumir un rol protagónico en la definición de tales políticas; pero eso exigiría, y aquí radica el problema central, acuerdos básicos entre todos sus integrantes, luego enriquecidos por la multiplicidad de puntos de vista. Sin embargo, lo que ocurre es lo contrario: como el opositor quiere ser gobierno, necesita que a la administración actual le vaya mal para aparecer como alternativa. Y así es como se toman decisiones absurdas que únicamente persiguen interponer obstáculos. La mayor cantidad que se pueda.

No resulta para nada difícil encontrarse con funcionarios del gobierno actual quejándose por las "piedras en el camino" que le ponen los concejales opositores... las mismas piedras que ellos pusieron al gobierno anterior, cuando ocuparon bancas y fueron oposición. El resultado es en todo desalentador: no importa cuál sea el oficialismo y cuál la oposición; el resultado será siempre el mismo, esto es, el Deliberativo tratando (¡y logrando!) que al Ejecutivo le vaya lo peor posible, y la comunidad de Rojas convirtiéndose en víctima de maniobras que, al atarle las manos al conductor, perjudican la marcha común.

En este marco, no sorprende que el Concejo deba pagar para que difundan las sesiones; los debates estériles son ignorados por el periodismo, y no por cuestiones políticas sino técnicas, tal como quedó explicado anteriormente. El futuro es predecible: lo más probable es que finalmente las sesiones completas lleguen a la pantalla del televisor, y que no las mire prácticamente nadie, porque el problema principal, lo que hace que la actividad deliberativa no llegue al vecino, no es la desidia de los medios, sino las características de lo que ocurre dentro del recinto. Y de lo que no ocurre, que es mucho peor.

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