El dinero, antes que la historia. Rally: Como una patada en los h...

Con tristeza y bastante grado de bronca por lo acaecido, escuchamos esta semana la noticia de la abrupta, e inesperada, suspensión del Rally de Rojas, competencia históricamente incluida en el calendario del campeonato Federal que casi todos daban por hecha pero que por una cuestión meramente comercial, se vio nuevamente frustrada.

La historia es sencilla y breve para resumir, y ante todo hay que destacar el esfuerzo y compromiso de varios amantes de este deporte, que habían conseguido reunir el dinero solicitado por la Asociación de Rally, sumando aporte oficial y privado para volver a tener la carrera, que el año anterior no pudo hacerse pero que sido parte de la categoría durante nada menos que veinticinco años.

Culminadas las gestiones y con la seguridad de haber reunido los fondos, sólo quedaba comunicarse con la mencionada entidad para confirmar que todo estaba de acuerdo a lo solicitado y confirmar la fecha, aunque al entablar el diálogo con el representante de la Asociación, grande fue la sorpresa cuando este señor les manifestó que el precio acordado para hacer la competencia en mayo no se respetaba y que como otra ciudad había ofertado más, los autos irían a correr a otra parte.

Difícil es caer en alguna grosería a la hora de calificar la actitud de la Asociación, que no tenía candidatos para continuar con su calendario y le ofreció a Rojas realizarla a un costo menor, pero que ante la aparición de los “morlacos”, se olvidó de la palabra contraída y le importó nada la historia, tradición y seriedad que han tenido los clubes rojenses a los que les tocó ser anfitriones.

Un verdadero golpe bajo, irrrespetuoso e insolente (según el diccionario: “persona que es arrogante y tiene una actitud despectiva con otros) hacia quienes, dejando tiempo propio para dedicarlo a recuperar esta fiesta del deporte motor, lograron reunir el dinero que era necesario para llevar adelante la competencia.

A quienes disfrutan del ruido de los motores, los que van arriba de los autos y los muchísimos espectadores que suele congregar el rally, lo ocurrido seguramente le habrá caído muy mal. Lo mismo que la comunidad en general, que más allá de una mayor o menor predilección por el automovilismo deportivo, disfruta de este tipo de citas aunque más no sea para ir un rato a observar los autos a la Plaza, y a los comerciantes, que hubieran tenido un marcado aumento en su clientela durante todo un fin de semana.

Para cerrar, debemos reconocer que, periodísticamente (y pedimos disculpas si hiciera falta), no es muy prolijo el título de nuestro comentario; pero valía la pena graficarlo en forma bien clara, con una frase bien popular, para transmitir lo que muchos deben estar pensando por estas horas.

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