¡Asado gratis!

Escribe: Marcelo Maccio Villegas.
“Considerando las grandes ganancias que han obtenido los sectores más beneficiados por la implementación de los programas de Gobierno y las trabas económicas que ha llevado adelante la política argentina se ha decretado, mediante la firma del decreto 26423/14 que…”

En verdad no hay asado gratis. Los engañe, pero era la única opción que tenía para que se atrevan a leer este texto, que habla, no de la tira a punto, vuelta y vuelta, sino de las ideologías.

Seamos francos, si el título era “Lo que está detrás de las ideologías” no enganchaba a nadie, mucho menos si me iba a algo más explicativo como “El corrimiento de las ideologías: del comunismo ortodoxo al neopopulismo latinoamericano”. Sino, la salida era ponerle “La ideología ha muerto”. ¿Pero quién soy yo –y nosotros- para matar a las ideologías? Para matar cosas estuvo Nietzsche, que mató a Dios (y con él a los grandes relatos) y le fue mucho mejor que a mí, que entro dos veces por semana al home banking para controlar de no pasarme con los gastos.

Y aclaro algo: no creo que las ideologías hayan muerto, sino que –efectivamente-, están más vivas que nunca, pero presentes de un modo oculto, casi siniestro, vistiendo piel de cordero en cuanto son lobos.

No te asustes. No es éste un estudio sociológico/antropológico de las ideologías. Porque tampoco vale la pena descabellarnos por algo que Marx –si, un nene de pecho-, definió como “la justificación pretendidamente racional de una ambición inconfesable”, es decir, pegó en el palo del arco de Maquiavelo. Pero se vuelve aburrido, y encima los engañé con lo del asado, a esta altura deben odiarme.

Vayamos al grano. Si yo –me pongo de ejemplo pero ojo que puede ir acá cualquier nombre (si, el tuyo también)- digo que soy “vecinalista” pero a los dos años hago una alianza con sectores que provienen del nefasto aparato peronista, de vecinalista tengo sólo el pago de ABL; lo mismo si me llamo “progresista” pero al momento de un debate me muestro en contra del matrimonio igualitario o el aborto: al tacho lo que dije, progresista no soy ni me acerco. Da lo mismo que en un discurso asegure que apoyo las luchas de la izquierda, si digo que “levanto las banderas de los trabajadores”, pero cuando hay una protesta deslegitimo los reclamos, en ese caso, lo único que tengo de “izquierda” es la zapatilla; y la mano (y ojo que para meterla en la lata da lo mismo izquierda o derecha).

¿Y para qué sirve entonces conocer la diferencia entre liberalismo, progresismo, comunismo o peronismo? Buena pregunta. Alguien empapado del microclima político dirá que para entender las políticas de Estado y blablabla. Nosotros, acá, entre nos, diremos que es para que no nos mientan en la cara. Para que no nos agarren de pelotudos, señores.

Porque podrán mentirnos, decirnos que van a construir un estadio invirtiendo 100 lucas y en realidad gastan 70 y se roban 30; pero no nos dirán que eso es progresismo, sino las 100 lucas las invertirías en vivienda o educación. Podes mentirnos, si, decirnos que sos vecinalista; pero si en vez de estar con los vecinos que la pasan mal por las lluvias estas preocupado porque a la noche jugás al fútbol, buen vecino resultaste: más vale tener un baldío al lado.

Dijimos que no queremos que nos mientan y que vamos a preguntar lo que nos parece correcto, aunque incomode. Vamos a descreer. Vamos a desentrañar lo que nos digan para saber si en realidad nos dicen la verdad. Vamos por la verdad, siempre. Para que no nos mientan y no nos roben. Porque el asado gratis, al final, si existe; pero no para nosotros, sino para ellos, que nos lo quitan de la boca y nos quieren hacer creer que no lo merecíamos o no nos correspondía. Con el asado no. Y con nosotros tampoco. Qué tanto.

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